Diecisiete millones de toneladas. Ese es el peso de los escombros que el doble terremoto ha dejado repartidos por el norte de Venezuela, según la estimación conjunta del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
Su retirada amenaza con convertirse en uno de los primeros grandes muros de una reconstrucción que caerá sobre Delcy Rodríguez, que acaba de cumplir seis meses como presidenta encargada del país.
La lista de víctimas sigue creciendo. El balance ha alcanzado más de 3.300 fallecidos confirmados, con un número aún incierto de cuerpos bajo los escombros. Los equipos de rescate internacionales han empezado a ceder terreno a las labores de recuperación y evaluación estructural.

Una factura de 37.000 millones de dólares. Un informe de la ONU ha calculado los daños físicos directos en esa cifra, casi el triple de la primera estimación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado además del riesgo de brote de enfermedades en los campamentos improvisados.
Un mapa del desastre hecho desde el espacio. Copernicus ha clasificado 606 edificios como destruidos y 448 como dañados en 337 kilómetros cuadrados analizados.
Sin casa aunque siga en pie. 15.866 personas lo han perdido todo y otras 28.380 no han podido regresar a sus hogares, mientras las autoridades han mantenido desalojos preventivos por el riesgo de nuevos colapsos.


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