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miércoles, 12 de agosto de 2026

Dos terremotos, dos respuestas: las reacciones de Venezuela y Colombia a la tragedia

 


Trabajos de remoción de escombros en busca de sobrevivientes, en el centro de Pereira (Colombia), este martes. Chelo Camacho

 

Apenas 50 días después del último desastre, la región andina ha vuelto a temblar. El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste de Colombia este lunes dejó daños severos en Pereira, Cali, Manizales y Quibdó, y en las primeras 36 horas ya sumaba más de 200 muertos. Desde el primer temblor era inevitable pensar en Venezuela: a finales de junio, un doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 arrasó barrios enteros en La Guaira y dejó más de 6.300 víctimas mortales.

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Por Florantonia Singer y María Martin | EL PAÍS




No habían pasado ni unas horas del terremoto colombiano cuando en X e Instagram se desataron las comparaciones.

La mayoría de los que opinan en redes no ha pisado los escombros de uno u otro terremoto, pero unos se han apurado igualmente a destacar la eficiencia del recién estrenado Gobierno de Abelardo De la Espriella, frente a lo que describen como la respuesta lenta y desordenada de Delcy Rodríguez.

El terremoto de Colombia se originó en una falla de subducción a más de 110 kilómetros de profundidad. Fue un solo sismo, registrado a primera hora de la mañana de un día laboral, cuando la mayoría de la gente se movía de casa al trabajo. Esa profundidad juega a favor: cuanto más abajo ocurre el sismo, menos energía llega a la superficie. En Venezuela, en cambio, ocurrieron dos sismos con segundos de diferencia —aunque esto todavía lo discuten los científicos—, ambos superficiales y con un efecto mucho más devastador.

También cambia la geografía del daño. En Colombia los estragos se repartieron entre cuatro regiones separadas por grandes distancias, lejos de la capital. En Venezuela, en cambio, el golpe se concentró en La Guaira, una zona de edificaciones altas, y en la propia Caracas. El momento tampoco ayudó: el sismo venezolano sorprendió a última hora de la tarde de un día feriado, cuando la mayoría de la gente estaba en casa o, peor aún, en la propia zona del desastre, una región turística de playas muy concurrida en esas fechas. Y las primeras horas de rescate transcurrieron en la oscuridad, sin electricidad y sin comunicaciones.

La respuesta presidencial

Abelardo de la Espriella mandó un mensaje por redes sociales desde un avión, dos horas después del sismo, para anunciar que había convocado al puesto de mando unificado en la sede de la Unidad de Gestión de Riesgos y Desastre. Viajaba a Bogotá, en su primera agenda en la capital como presidente. Las cifras de fallecidos, aunque desagregadas, se han venido actualizando varias veces al día.

En Venezuela, la primera confirmación sobre el desastre llegó por una llamada telefónica del ministro de Interior, Diosdado Cabello, al canal del Estado: el desplome de edificios en Caracas, sin mayores precisiones. El primer mensaje oficial no llegó a la televisión hasta tres horas y 40 minutos después del sismo, a las 9:40 de la noche, con Delcy Rodríguez flanqueada por Jorge Rodríguez y Cabello, que hablaron de daños en Caracas y La Guaira.

Los militares y sus tareas

La presencia militar en La Guaira se reforzó pasadas las 72 horas, y se concentró sobre todo en la limpieza de escombros, el control del orden público y el tránsito, y la gestión de los campamentos de damnificados. Los venezolanos les exigieron a gritos a los uniformados que soltaran las armas y tomaran las palas.

El terremoto de Colombia, en cambio, mostró un despliegue del Ejército en todas las regiones afectadas: militares entrenados y equipados para tareas de rescate y logística. Desde las primeras horas circularon imágenes de brigadas de uniformados con palas, perros rescatistas avanzando hacia la zona y tecnología para las tareas de búsqueda.

Grúas en las primeras horas y rescatistas

Pocas horas después del sismo en Colombia, una enorme grúa blanca levantaba placas en un edificio de Pereira. La escena se repetía por toda la ciudad, y también en Cali y en Quibdó. La maquinaria especializada, desplegada a tiempo, ha sido una de las grandes diferencias con el terremoto de Venezuela, donde en algunas zonas llegó a pasar una semana antes de que enviaran retroexcavadoras, y sin combustible. Mes y medio después de la tragedia, todavía hay familias que piden ayuda para retirar escombros. En La Guaira, quien tenía dinero pagaba 1.500 dólares por contratar una máquina. En Colombia, las empresas las han prestado para el desastre.

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