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lunes, 24 de agosto de 2026

¿Elecciones pa’ cuándo? con Humberto Villalobos

 


Foto: Cortesía

 

¿Cuánto tiempo necesitaría Venezuela para organizar una elección presidencial en condiciones adecuadas? La respuesta, según Humberto Villalobos, no debería medirse únicamente desde el momento en que el Consejo Nacional Electoral CNE fija una fecha hasta el día de la votación.

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Durante la entrevista, Villalobos planteó que para realizar un proceso que permita cumplir con las condiciones necesarias y ofrecer a todos los venezolanos la posibilidad de participar, el país necesitaría un período de aproximadamente diez meses.




El cálculo parte de una diferencia fundamental que, a su juicio, debe hacerse cuando se habla del futuro electoral venezolano: una cosa es el cronograma formal de una elección y otra muy distinta es todo el trabajo que debe realizarse antes de que ese cronograma pueda comenzar.

 

 

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“Las elecciones tienen un proceso de pre-elección y un proceso que es el real cronograma electoral”, explicó Villalobos durante la conversación.

Es precisamente esa fase previa la que puede convertirse en uno de los temas centrales de cualquier discusión sobre una eventual elección presidencial en Venezuela.

Antes de votar hay que preparar la elección

Villalobos sostiene que actualmente existen condiciones que todavía deben resolverse antes de entrar plenamente en una elección presidencial.

Entre ellas menciona expresamente dos: contar con un Consejo Nacional Electoral adecuado y disponer de un registro electoral que cumpla con las condiciones necesarias.

No se trata, por tanto, únicamente de instalar máquinas de votación, imprimir boletas, abrir centros electorales o iniciar una campaña. La discusión comienza mucho antes.

Villalobos denomina a esta primera etapa el proceso de “PRE” o fase pre electoral.

 

 

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Su estimación es que solamente esa preparación podría requerir entre tres y cuatro meses. Después de completarla comenzaría el cronograma electoral propiamente dicho, que calcula en aproximadamente otros seis meses.

La suma conduce al número que probablemente genere mayor discusión política: diez meses como tiempo idóneo para organizar el proceso.

Villalobos no presenta esos diez meses como una disposición legal rígida ni como un plazo obligatorio establecido automáticamente por la legislación venezolana. Su planteamiento es que sería un lapso apropiado para poder realizar las tareas necesarias antes y durante el proceso electoral.

“Estamos hablando de diez meses”, señaló, describiéndolo como un “tiempo idóneo” para hacer lo necesario y ofrecer a los venezolanos la oportunidad de votar.

 

 

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La diferencia es importante: una elección podría convocarse con mayor rapidez, pero la pregunta sería bajo cuáles condiciones y qué problemas quedarían sin resolver.

El registro electoral aparece como uno de los principales desafíos

Uno de los puntos que Villalobos destaca especialmente es el registro electoral.

En Venezuela, el problema tiene una dimensión adicional debido a la enorme cantidad de ciudadanos que actualmente viven fuera del país.

La posibilidad de inscribirse o actualizar los datos en el Registro Electoral es precisamente el mecanismo mediante el cual los venezolanos residentes en el extranjero pueden quedar habilitados para participar desde embajadas y consulados en una elección presidencial.

Las propias representaciones consulares venezolanas describen este trámite como el procedimiento para que ciudadanos residentes fuera del país puedan registrarse o cambiar su domicilio electoral. (Consulado de Venezuela en Madrid).

 

 

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Por eso, cuando Villalobos habla de un registro que “cumpla con las condiciones”, el asunto no es simplemente administrativo.

Detrás del registro están preguntas fundamentales: quiénes pueden votar, dónde pueden hacerlo y cuánto tiempo existe para actualizar la información electoral antes del cierre definitivo del padrón.

Su conclusión es que esa preparación no puede hacerse de un día para otro.

La experiencia de 2024 dejó una advertencia sobre los tiempos

El debate sobre los plazos tampoco ocurre en el vacío.

Para las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, el CNE anunció formalmente la fecha el 5 de marzo de ese mismo año. Eso dejó menos de cinco meses entre convocatoria y votación. Reuters reportó entonces que el organismo había fijado el 28 de julio como día de la elección y que el período de inscripción de candidatos concluiría apenas semanas después del anuncio.

Posteriormente, el Centro Carter identificó precisamente los tiempos del proceso como uno de los problemas de aquella elección.

 

 

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En su informe final, la organización señaló que el calendario reducido dejó menos tiempo para actividades esenciales como educación electoral, entrenamiento de funcionarios, actualización del Registro Electoral e inscripción de candidatos. (The Carter Center)

Ese antecedente ayuda a entender por qué el tiempo puede convertirse en una variable política y no simplemente logística.

Un cronograma muy corto puede acelerar la llegada de la elección, pero simultáneamente limitar la posibilidad de corregir problemas que requieren meses de trabajo.

¿Elecciones cuanto antes o elecciones con tiempo suficiente?

Allí aparece uno de los dilemas más complejos para Venezuela.

Una población que lleva años esperando una solución política puede exigir elecciones cuanto antes. Desde esa perspectiva, hablar de diez meses puede parecer excesivo.

Pero la tesis de Villalobos introduce otra pregunta: ¿qué ocurre si la prisa obliga a realizar la elección sin haber corregido previamente las condiciones que pueden determinar su credibilidad?

 

 

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Su planteamiento establece una diferencia entre velocidad y calidad electoral.

Una elección rápida no necesariamente es una mejor elección.

Y una convocatoria anticipada puede incluso comenzar a consumir el tiempo del calendario formal antes de que hayan sido resueltos asuntos fundamentales relacionados con el árbitro electoral o el padrón de votantes.

En otras palabras, fijar la fecha sería apenas una parte de un proceso mucho mayor.

Un nuevo CNE no resolvería automáticamente todos los problemas

La referencia de Villalobos a la necesidad de un CNE “adecuado” plantea además otro asunto: modificar las autoridades electorales, por sí solo, no significaría que todos los problemas desaparezcan inmediatamente.

Un organismo electoral necesita estructura, personal, procedimientos, sistemas tecnológicos, actualización del padrón, organización de centros, mecanismos para inscripción de candidatos, formación de miembros de mesa y coordinación de una enorme operación nacional.

A eso se suma el desafío del voto en el extranjero.

 

 

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Un reciente análisis de Chatham House sobre la preparación de eventuales elecciones democráticas en Venezuela también identificó la actualización del registro electoral como una de las responsabilidades prioritarias que tendría un nuevo CNE y señaló específicamente la necesidad de incorporar adecuadamente a millones de venezolanos en edad electoral que viven fuera del país. (Chatham House)

Ese análisis coincide, al menos en ese punto, con la preocupación expresada por Villalobos: el día de la elección es solamente el final de un trabajo que comienza mucho antes.

Los diez meses no serían diez meses de campaña

Su cálculo divide claramente el proceso en dos etapas.

Primero, entre tres y cuatro meses para el período preelectoral. Después, aproximadamente seis meses para el desarrollo de la elección propiamente dicha.

Ese primer período debería permitir abordar las condiciones necesarias para posteriormente entrar en un cronograma electoral formal. La distinción cambia considerablemente la discusión.

 

 

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Si se comienza a contar únicamente desde el momento de la convocatoria, se estaría ignorando precisamente el período que Villalobos considera indispensable para preparar el terreno electoral.

El objetivo: que puedan votar todos los venezolanos

Para Villalobos, ese tiempo permitiría “hacer todas las cosas que tenemos que hacer” y, sobre todo, darle la oportunidad a todos los venezolanos de votar.

Ese último elemento convierte la discusión sobre los meses de preparación en una discusión sobre participación.

 

 

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En el caso venezolano, organizar una elección presidencial, no implica solamente atender a quienes permanecen dentro del territorio nacional. También obliga a discutir cómo se incorpora electoralmente a una diáspora de enormes dimensiones.

El Registro Electoral, las oficinas consulares, los requisitos para actualizar residencia y los mecanismos disponibles para que quienes viven fuera de Venezuela puedan ejercer el sufragio son elementos que necesitan organización previa.

No pueden resolverse la semana anterior a una elección.

El calendario puede terminar siendo una de las grandes discusiones políticas

En cualquier escenario en el que se plantee una nueva elección presidencial, seguramente la primera pregunta será: ¿cuándo?

Pero la explicación de Humberto Villalobos propone invertir el orden.

Antes de establecer la fecha habría que preguntarse qué debe hacerse para llegar a esa fecha.

Si su estimación se utiliza como referencia, el horizonte sería de alrededor de diez meses desde el inicio de la preparación hasta la realización de la elección.

 

 

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Tres o cuatro meses estarían destinados a crear las condiciones previas y aproximadamente seis meses al cronograma electoral.

El planteamiento seguramente encontrará posiciones contrapuestas.

Habrá quienes consideren que Venezuela no puede esperar casi un año para resolver su situación política y que una elección debe organizarse en el menor plazo posible.

Otros argumentarán que acelerar excesivamente el proceso podría repetir deficiencias de experiencias anteriores y dejar nuevamente fuera asuntos esenciales como el Registro Electoral, el voto de los venezolanos en el extranjero y la confianza en el árbitro.

Precisamente allí está el valor del debate planteado por Villalobos.

La discusión no debería limitarse a escoger una fecha atractiva en el calendario.

La verdadera pregunta es cuánto tiempo necesita Venezuela para organizar una elección que no solo pueda realizarse, sino que pueda ofrecer condiciones suficientes de participación y credibilidad.

Y para Humberto Villalobos, la respuesta es bastante concreta: aproximadamente diez meses.

 

 

Aquí puedes ver la entrevista en Spotify: https://open.spotify.com/episode/1JDqPSAJ1JVGLODmkKVQb5?si=ikMa352qTBqsRLU5XLnbuA

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