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miércoles, 26 de agosto de 2026

En Boca de Aroa y Tucacas siguen entre carpas, ruinas y promesas

 


Cortesía

 

Este 24 de agosto se cumplieron dos meses del doblete sísmico que sorprendió al país y dejó un gran duelo colectivo. El municipio Silva en el estado Falcón fue afectado severamente, pero el evento natural dejó al descubierto el abandono por años del chavismo y las condiciones de vulnerabilidad en que vive su gente mucho antes de los sismos. Ellos resisten día a día a  necesidades básicas como el agua y el servicio eléctrico, pese a ser el municipio turístico más importante de Falcón.

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La mayoría de las casas de Boca de Aroa y Tucacas tienen años que no reciben mantenimiento, pues sus pobladores viven de la pesca artesanal y de las actividades turísticas propias de una zona playera. Es decir, venden comidas, trabajan en hoteles, posadas y emprenden con algún servicio como alquiler de toldos y sillas. Lo que generan apenas les permite sobrevivir en un país dolarizado.

Según el registro del consejo comunal de Cayumar en Boca de Aroa, la zona más afectada del municipio Silva, unas 90 familias fueron afectadas por los terremotos: a algunas se les hundieron las casas, a otras se les levantaron y otras más colapsaron  por completo. Los afectados quedaron refugiados en carpas estadounidenses donadas por una iglesia cristiana, mientras que otros decidieron irse a casas de familiares.

Quienes viven en carpas, están a merced del inclemente sol característico en la zona, por lo cual solo las usan en las noches, mientras que en el día están en casas cercanas. El mayor deseo de los lugareños es volver a tener una casa, y el miedo es que eso no se materialice.

 

Ven cómo la administración de Delcy Rodríguez demuele las casas que quedaron en peores condiciones estructurales, y les angustia que aún no tienen una solución habitacional.

Ayuda de EEUU

Refieren que fueron visitados por los gringos, quienes les llevaron algunos alimentos que nunca habían saboreado.

Al abordar el tema de las casas, los estadounidenses propusieron unas viviendas prefabricadas que pueden durar unos tres años, mientras el régimen construye las nuevas casas.

Sin embargo, estas familias no son las únicas con problema habitacional. Otros pobladores de Boca de Aroa y Tucacas quedaron con sus casas destruidas, y aun así permanecen en estas, porque no tienen adónde ir.

Tal es el caso de Lismar Borges, de 38 años, que vive con su esposo y sus dos hijos de 13 y 16 años. Su casa quedó completamente agrietada, pero lo que más le preocupa es el edificio, que está cercano a su vivienda, que desde el doblete sísmico y las réplicas que se han registrado, se ha ido cayendo a pedazos.

“Cada vez que hay una réplica, salimos corriendo o nos cae la casa encima o nos cae el edificio que se ha ido desmoronando. Aunque le hemos dicho a todo el que pasa por aquí, nadie ha hecho nada. Tenemos mucho miedo”, dijo.

Su esposo es pescador y con este trabajo sustenta a su familia. Reconoció que desde el 24 de junio ha llegado ayuda de todo tipo, incluso, cambiaron las guayas y los postes que estaban a punto de caer. También fueron organizaciones no gubernamentales y personas a entregar comidas. “Nosotros guardamos cosas que nos dieron y gracias a eso por fin trajeron ayuda a este pueblo. Seguimos es padeciendo por el agua, ojalá resuelvan los problemas y logremos tener agua potable”.

“Pensé que el techo le había caído encima”

Grisel Quintero, de 40 años, es vecina de la familia Borges. A ella el edificio le queda al frente y ha sentido cuando los bloques rojos caen al piso. Por eso no entiende qué están esperando para demolerlo y evitar una desgracia.

Su casa también pareciera que estuviera deshabitada, pero la realidad es que la gente vive con lo poco que tiene y el mantenimiento ha sido nulo por largos años. Quintero se mantiene en la casa junto a su hija menor, su esposo y su hermano. Esperan que la ayuda llegue pronto, porque su casa está a punto de desplomarse.

Santa Josefina Ampies, de 77 años, vio cómo su hogar se desvanecía mientras ella quedó paralizada en el medio de la sala cuando ocurrieron los sismos. Su nieto había salido a jugar fútbol a unas cuantas calles más allá de su cada.”Yo solo pensé cuando sentí el temblor: ‘Ay, mi abuela’, porque la había dejado viendo televisión en la sala. Pensé que el techo le había caído encima porque sabía que estaba suelto y malo desde hacía mucho tiempo”, recuerda su nieto.

La señora Santa y su nieto están alojados en una casa, justo al frente de su vivienda destruida, la cual es de un turista de La Guaira que también sufrió daños en su apartamento, pero que afortunadamente pudo salir con vida y les permitió quedarse en su vivienda hasta que se logré una solución para ella.

El nieto de la señora Santa con dos familiares más, retiraron el techo de la vivienda para resguardar las pocas laminas buenas que quedaron, ya que la casa quedó levantada, con paredes caídas y agrietadas, por lo que no está habitable.

Decidieron quitar el techo y guardar las pocas cosas que les quedaron, porque aunque estaban durmiendo en la casa del frente luego del doblete sísmico, se percataron que les estaban robando el techo.

Agua de río contaminada

La falta de agua potable en esta zona es una grandísima preocupación para las comunidades de esta zona. Hidroven distribuye agua proveniente del río Aroa y han notado que desde hace unos años ha proliferado el cáncer, enfermedades de la piel y otras afecciones que, aseguran los vecinos, son causadas por la falta de tratamiento del agua.

La denuncia fue introducida ante la Defensoría del Pueblo en la segunda semana de agosto, cuando una comisión integrada por la defensora nacional, Eglée González Lobato, estuvo en Tucacas y Boca de Aroa para escuchar las denuncias de sus habitantes, entre las que destacaron la falta de agua potable.

Puentes y conexiones

El puente Punta Brava es otra preocupación de los habitantes de Tucacas que a diario veían cómo el tráfico se congestionaba en la comunidad para poder llegar al puente y así ir directo a los cayos del Parque Nacional Morrocoy.

Esta estructura se debilitó y actualmente no hay visitantes en el pueblo y los fines de semana se observa la avenida vacía, donde trabajan comerciantes que esperan por los turistas.

El puente no puede transitarse en carro, pero sí caminando. Las autoridades en el lugar recomiendan caminar por el centro del puente. Una vez que se pasa la zona más difícil, esperan motos tipo carritos para trasladar a las personas hacia el embarcadero.

El alcalde José Arnias confirmó a lapatilla.com que el puente tiene graves daños por la falta de mantenimiento en la estructura.

En Tucacas recibieron la visita por varios días de Kit Miyamoto y su equipo multidisciplinario, que hicieron una inspección en cada uno de los espacios que sufrieron daños por el doble terremoto. El equipo dejó sobre la mesa prioridades clave para la gente y el futuro del pueblo: viviendas dignas, el proyecto de un aeropuerto para Tucacas y el estudio técnico para la recuperación del puente de Punta Brava.

En cuanto a la entrada desde los estados vecinos a través de los puentes que conectan a Falcón, están siendo reparados por el Ejecutivo Nacional, por lo que establecieron unos desvíos en la carretera nacional Morón-Coro, que es controlado por los organismos de seguridad para evitar congestionamiento vehicular, sobre todo en días de mucha afluencia.

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