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lunes, 10 de agosto de 2026

La radiografía de los hospitales venezolanos tras el terremoto y años de abandono

 

Personas reciben atención medica este viernes, en el hospital Domingo Luciani de Petare de Caracas (Venezuela). Familiares recorren distintos hospitales para intentar ubicar a sus parientes heridos o fallecidos tras los terremotos de 7,2 y 7,5 registrados la tarde del miércoles y que han dejado, hasta el momento, 920 personas muertas. EFE/ Boris Vergara

 

En una entrevista para lapatilla, la presidenta del Colegio de Profesionales de Enfermería del Distrito CapitalAna Rosario Contreras, describió un sistema sanitario que, según afirma, ya se encontraba profundamente deteriorado antes del terremoto que golpeó el norte de Venezuela. La dirigente gremial sostiene que el desastre natural no creó la crisis, sino que expuso con crudeza el abandono acumulado durante años.

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Cuando los teléfonos y las cámaras comenzaron a registrar edificios colapsados, hospitales desbordados y miles de familias buscando ayuda tras el terremoto, muchos venezolanos pensaron que la emergencia sanitaria había comenzado ese día. Para Ana Rosario Contreras, sin embargo, la tragedia únicamente hizo visible una realidad que el personal de salud viene denunciando desde hace casi una década.

Para ver la entrevista completa:

 

Durante la conversación, Contreras recordó que desde 2016 distintos gremios alertaban sobre la existencia de una Emergencia Humanitaria Compleja, caracterizada por el abandono progresivo del sistema hospitalario, la falta de insumos, la migración del talento humano y el deterioro de la infraestructura sanitaria. Lejos de mejorar, sostiene, la situación se ha profundizado año tras año.

Hospitales maquillados, pero sin capacidad de respuesta

Uno de los primeros puntos abordados fue la diferencia entre las remodelaciones que ocasionalmente exhiben las autoridades del régimen y la realidad operativa de los centros asistenciales.

Según Contreras, reparar paredes, pintar fachadas o sustituir ascensores no significa recuperar un sistema de salud. Un hospital solo puede funcionar cuando cuenta simultáneamente con infraestructura, medicamentos, equipos, servicios públicos y personal suficiente.
“Se hacen reparaciones muy puntuales para efectos publicitarios, pero la precariedad sigue siendo exactamente la misma”, explicó durante la entrevista.

A su juicio, el terremoto dejó en evidencia que muchos hospitales aparentemente recuperados no estaban preparados para enfrentar una emergencia de gran magnitud.

La salud dejó de ser gratuita

Uno de los aspectos más preocupantes descritos por la dirigente gremial es el costo que hoy deben asumir los pacientes para recibir atención en hospitales públicos.

Contreras explicó que, pese a tratarse de instituciones financiadas por el Estado, los familiares reciben listas completas de medicamentos, insumos médicos y equipos que deben adquirir por su cuenta.

En algunos procedimientos especializados, afirmó, las familias deben conseguir equipos cuyo costo puede superar los 3.000 dólares, una cifra inalcanzable para la mayoría de los venezolanos.

“¿Podemos seguir hablando de salud gratuita cuando un paciente tiene que comprar absolutamente todo?”, cuestionó.
La consecuencia inmediata es que miles de personas retrasan tratamientos, suspenden cirugías o simplemente renuncian a recibir atención médica.

Una enfermera para atender a 80 pacientes

Quizás una de las cifras más impactantes de toda la entrevista fue la relacionada con el déficit de personal.
Contreras aseguró que actualmente resulta imposible determinar cuántas enfermeras continúan trabajando en el sistema público porque el Estado no publica esa información.

Sin embargo, explicó que la magnitud del problema puede medirse observando la carga laboral.

Mientras los estándares internacionales establecen que una enfermera debería atender aproximadamente ocho pacientes en hospitalización general y un paciente en terapia intensiva, en algunos hospitales venezolanos una sola profesional llegó a atender 80 pacientes durante un turno nocturno, especialmente después del terremoto.

“Esa realidad hace imposible hablar de atención de calidad”, afirmó.

Hospitales que perdieron casi todo su personal

La presidenta del Colegio de Enfermería presentó varios ejemplos que ilustran el colapso del recurso humano.

Explicó que la Maternidad Concepción Palacios debería contar con alrededor de 1.500 enfermeras, pero actualmente no llega a 200.

El Hospital Oncológico Luis Razetti necesitaría unas 700, aunque apenas dispone de alrededor de 90.

El Hospital J. M. de los Ríos, especializado en atención pediátrica, debería tener unas 1.200, pero tampoco alcanza las 200 profesionales.

Para Contreras, estas cifras reflejan una migración masiva impulsada por los bajos salarios y las condiciones laborales.

Salarios que expulsan a los profesionales

La dirigente también explicó por qué tantos trabajadores abandonan los hospitales.

El salario base de una enfermera, afirmó, ronda apenas los 246 bolívares, mientras la mayor parte del ingreso proviene de bonificaciones que no generan prestaciones sociales, vacaciones ni pensiones.

Incluso denunció que nuevas enfermeras permanecen varios meses sin recibir los bonos prometidos, haciendo imposible cubrir siquiera los gastos de transporte.

Muchas terminan abandonando los hospitales apenas semanas después de ingresar.

Otras han migrado hacia clínicas privadas, atención domiciliaria o incluso actividades completamente distintas.

“Hoy quien me arregla el cabello es una enfermera; quien me hace las uñas también es una enfermera”, comentó, utilizando un ejemplo que resume la pérdida de talento que vive el sistema sanitario venezolano.

El terremoto encontró un sistema ya colapsado

Cuando ocurrió el desastre, explicó Contreras, los hospitales simplemente no estaban preparados.

Recordó que uno de los primeros centros asistenciales en recibir víctimas fue atendido apenas por 12 enfermeras, quienes debieron enfrentar una avalancha de pacientes durante las primeras horas de la emergencia.

“No teníamos suficientes insumos ni suficiente personal”, señaló.

Según su testimonio, fue la solidaridad ciudadana la que permitió abastecer numerosos hospitales durante los primeros días posteriores al terremoto.

Ciudadanos antes que el Estado

Uno de los mensajes más reiterados durante la entrevista fue el reconocimiento al trabajo voluntario desarrollado por miles de venezolanos.
Contreras recordó que más de 600 enfermeras respondieron voluntariamente al llamado para apoyar hospitales y jornadas médicas tras la tragedia. Muchas ya no trabajaban para el sistema público, pero decidieron regresar temporalmente para ayudar a los afectados.

También aseguró que fueron ciudadanos comunes quienes llevaron alimentos, medicamentos, ropa e insumos médicos a los centros hospitalarios cuando la capacidad institucional resultó insuficiente.

“La solidaridad del venezolano terminó sosteniendo la respuesta sanitaria”, resumió.

Daños estructurales y personal fallecido

La dirigente describió además las consecuencias que sufrió la infraestructura hospitalaria.

Mencionó hospitales declarados en código rojo, edificios con daños severos, maternidades afectadas, centros pediátricos comprometidos y la destrucción de instituciones completas en Vargas.

También confirmó la muerte de personal sanitario durante el desastre, incluyendo al menos diez enfermeras, además de médicos cuya cifra todavía no había sido consolidada al momento de la entrevista.

Pidió que las autoridades publiquen datos transparentes sobre el impacto humano de la tragedia, recordando que durante la pandemia de COVID-19 tampoco se conocieron cifras completas sobre los fallecimientos.

“Las donaciones no pueden detenerse”

Aunque la emergencia mediática disminuye con el paso de las semanas, Contreras hizo un llamado a mantener la ayuda humanitaria.

Explicó que muchas personas sobrevivieron al terremoto pero ahora enfrentan enfermedades respiratorias, gastrointestinales y el agravamiento de patologías crónicas debido a la interrupción del suministro de medicamentos.

“Un venezolano no puede sobrevivir al terremoto para morir después porque no consigue tratamiento para la hipertensión o la diabetes”, advirtió.

Reconstruir la salud exige reconstruir el Estado

En la parte final de la conversación, le preguntamos qué necesita Venezuela para recuperar un sistema sanitario acorde con estándares internacionales.

La respuesta fue contundente.

Para Contreras, la recuperación comienza con un gobierno que cuente con legitimidad democrática, transparencia y capacidad para priorizar la salud pública.

Pero también requiere diálogo con universidades, gremios profesionales y especialistas capaces de diseñar políticas públicas sostenibles.
“No basta con reparar hospitales. Hay que recuperar el talento humano, garantizar salarios dignos, asegurar medicamentos, servicios públicos y presupuestos transparentes”, sostuvo.

Un país que todavía puede recuperarse

A pesar del duro diagnóstico, Ana Rosario Contreras cerró la entrevista con un mensaje de esperanza.

Recordó que Venezuela llegó a ser referente regional en atención médica y formación de especialistas, recibiendo pacientes provenientes de distintos países.

A su juicio, esa capacidad puede recuperarse si el país logra reconstruir sus instituciones y vuelve a colocar la salud como prioridad nacional.

“Estoy segura de que Venezuela volverá a tener un sistema de salud fuerte y robusto. Ya lo fuimos una vez y podemos volver a serlo”, concluyó.

Más allá de las cifras, la entrevista deja una reflexión central: el terremoto destruyó edificios y cobró vidas, pero también reveló el profundo deterioro de un sistema sanitario que, según quienes trabajan diariamente en él, llevaba años acumulando grietas invisibles.

La reconstrucción, coinciden los protagonistas, no dependerá únicamente del cemento y el acero, sino también de recuperar el recurso humano, la confianza institucional y la capacidad del Estado para garantizar uno de los derechos fundamentales de cualquier sociedad: el acceso oportuno y digno a la salud.

 

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