
El comienzo de clases correspondiente al año escolar 2026-2027 en el país ha puesto al descubierto la profunda crisis estructural que atraviesa el sistema educativo nacional. Aunque el Ministerio de Educación convocó a las aulas a partir del 14 de septiembre, el retorno a las actividades ha estado marcado por un elevado ausentismo estudiantil y protestas del gremio docente frente a salarios miserables y el evidente deterioro de la infraestructura escolar en diversas regiones del país.
El equipo de corresponsales de La Patilla hizo un paneo de la realidad de los planteles, donde se refleja un panorama en el que las ganas de enseñar y aprender chocan contra la precariedad económica y el abandono del Estado.
En el Zulia, el reinicio de clases para el periodo escolar 2026-2027, estuvo marcado por el ausentismo de los estudiantes. Aunque el Ministerio de Educación convocó a reintegrarse a las aulas este 14 de septiembre, en muchas instituciones siguen inscribiendo alumnos esta semana y realizando labores de mantenimiento. Hay planteles donde la asistencia fue regular. Sin embargo, son más las escuelas y liceos donde el reinicio fue prácticamente nulo.

Marlene Hernández, presidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) en el Zulia, informó que las aulas “están vacías” y reiteró la exigencia de mejoras salariales para los docentes, con un sueldo de apenas 500 bolívares, ya que el resto de lo devengado es por bonos, y “bono no es sueldo”.
“Yo todavía estoy esperando para comprar los cuadernos y uniformes a mis hijos”, dijo Gladys Ramírez en Maracaibo, pues lo que percibe debe decidir entre la comida diaria para sus cuatro niños e ir apartando para el reintegro a clases.
Esta severa vulnerabilidad socioeconómica y el descuido de las infraestructuras no son un fenómeno exclusivo del Zulia. En el vecino estado Falcón, la situación de los centros educativos expone riesgos aún mayores para la seguridad de los alumnos.
En esta entidad, los representantes y docentes ya se hicieron sentir al denunciar que hay muchas escuelas que siguen esperando “un cariñito”. Entre ellas está el Liceo Bolivariano José Ladislao Andara, en el municipio Carirubana, que tiene cuatro años cerrado por daños en la infraestructura.
Los estudiantes ven clase “vía online” con algunas clases semipresenciales, lo que ha denigrado aún más la educación, ya que las condiciones del internet y la conectividad son muy inestables; además, no tienen clases presenciales constantes, lo que les impide recibir educación de primera mano. El liceo quedó inoperativo por la falta de mantenimiento y hoy es el reflejo del abandono, donde no pueden dar clases por miedo a que les caiga el techo encima.
Otros falconianos han pedido innumerables veces al gobernador de Falcón, Víctor Clark, la intervención de la EPE Inés Fuget de Peña en Maraven, que es la única institución pública en la comunidad, donde han crecido muchos colegios privados, pero los representantes no tienen cómo pagar una mensualidad que va desde 95 dólares mensuales.
La institución tiene años en pésimas condiciones y los padres temen por la seguridad de los estudiantes de primaria. Pero esa realidad no existe para el gobernador de Falcón, quien anunció el inicio del año escolar desde Carirubana informando que las clases arrancaron en los 25 municipios con 1.415 escuelas, pero hay un detalle: no precisó cuántas de estas tienen las condiciones óptimas para brindar tranquilidad a los alumnos.
Apagones golpean a la educación
Mientras en Falcón el deterioro físico frena la actividad académica, en el estado Lara el descontento gremial se tradujo en una postergación del reinicio de clases apoyada en el marco legal y el 80 % de la población docente a nivel público no acató el llamado ministerial a incorporarse a clases el lunes 14 de septiembre y decidió seguir los lineamientos de los sindicatos de llamar a la incorporación el miércoles 16 de septiembre, de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica de Educación.
Pese a que la mayoría de los docentes se incorporaron a las actividades este miércoles, Sinvemal Lara advierte sobre el deterioro del 60 % de los planteles educativos de la entidad larense, por lo que exhortan a las autoridades gubernamentales a intervenir cuanto antes.
Hacia la región andina, las fallas estructurales no se limitan a los pupitres o techos de las aulas: la colapsada red de servicios públicos agrega un obstáculo para el desarrollo de las jornadas escolares. Por ello, el estado Mérida se ha visto marcado por un panorama condicionado fuertemente por las graves deficiencias en los servicios públicos.
Los apagones diarios dejan las aulas a oscuras, interrumpiendo el proceso de aprendizaje y el normal desarrollo de las actividades académicas de niños y adolescentes.
En cuanto al cumplimiento de las directrices ministeriales, los docentes asistieron de manera generalizada a los planteles, pero lo hicieron bajo protesta. El gremio acató la apertura de las instituciones no para celebrar un retorno regular, sino para alzar su voz exigiendo reivindicaciones salariales justas, respeto al contrato colectivo y condiciones laborales dignas.
Por su parte, la incorporación de los estudiantes ha sido notablemente baja en comparación con años anteriores. Los pasillos y salones lucieron semivacíos debido a que muchos representantes decidieron no enviar a sus hijos.
La gran mayoría de los centros educativos en Mérida no recibió mantenimiento ni reparaciones a través de las Bricomiles, por lo que enfrentan problemas en su infraestructura.
En el estado Táchira, se registró una asistencia del 70 % del personal docente y una inasistencia estudiantil cercana al 80 %, de acuerdo con balances gremiales.
Gerardo Ramírez, líder sindical en la entidad, informó sobre este ausentismo y denunció que las autoridades de la Zona Educativa levantaron 25 actas administrativas a personal obrero por no incorporarse en las fechas fijadas por el Ministerio de Educación.
En cuanto a las condiciones físicas de los planteles, Ramírez señaló que la mayoría de las 1.496 escuelas del estado no recibieron mantenimiento integral. Precisó que los trabajos se limitaron a la pintura en fachadas en algunas instituciones, mientras persisten fallas estructurales como baños fuera de servicio.
Impacto de los sismos
En el estado Carabobo se reportó una reincorporación masiva de trabajadores, aunque ensombrecida por el impacto de los terremotos en las instalaciones. El 98 % de los maestros se incorporaron a las aulas este miércoles 16 de septiembre, conforme a lo establecido en el artículo 186 del Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente. Así lo informó Luis Guillermo Padrón, presidente del Sindicato Venezolano de Maestros del estado Carabobo (Sinvemaca), quien aclaró que solo el 10 % de los profesores asistieron a los planteles el pasado lunes. “Los reportes de hoy son de asistencia masiva tanto de docentes, estudiantes, personal administrativo y obrero en todos los ejes de la región”.

Sin embargo, advirtió que al menos 11 instituciones, en su mayoría de la parroquia Morón de Juan José Mora, fueron gravemente afectadas por los terremotos y la comunidad escolar fue rezonificada.
Padrón manifestó la preocupación del gremio sobre la promesa de un ajuste de sueldo del que no han tenido detalles. “La incorporación es masiva, pero debe entenderse que con muchas dificultades por la crisis salarial”.
En Aragua, el período escolar 2026-2027 estuvo marcado por una profunda discrepancia entre los anuncios de la gobernación, que decretó una apertura del 100 % en sus 1.265 planteles con una asistencia estimada de 95%, y las alertas emitidas por los gremios docentes y profesionales.
El Colegio de Ingenieros y el Sindicato Unitario del Magisterio de Aragua (Suma) revelaron que de 457 escuelas evaluadas técnicamente, 105 presentaron clasificaciones en niveles amarillo y rojo por graves problemas de mampostería, filtraciones y fallas eléctricas.
A la infraestructura deteriorada se suma que unas 799 instituciones (el 63,6 % de los centros educativos) permanecían sin ningún tipo de supervisión oficial. Tras un recorrido por diversas escuelas, se evidenció una asistencia estudiantil muy por debajo de la cifra oficial.
Crisis económica afecta asistencia de estudiantes
Descendiendo hacia los llanos venezolanos, la realidad socioeconómica golpea con el mismo rigor el bolsillo de las familias y la capacidad operativa del magisterio. Tal es el caso del estado Apure, donde el inicio del año escolar también estuvo marcado por el ausentismo.
El Sindicato de Trabajadores de la Educación del Estado Apure (Sindite-Apure) reportó que el llamado contó con un acatamiento del 70 % por parte del personal docente, administrativo y obrero, mientras que la asistencia estudiantil apenas alcanzó un 10 %.
La dirigencia sindical atribuyó esta baja presencia de alumnos a la precariedad económica de las familias, cuyos ingresos no les permiten cubrir el costo de uniformes y útiles escolares. Denunció que los docentes perciben un sueldo base de apenas 130 bolívares, un monto paupérrimo ante la inflación actual.
Una dinámica similar de salones desiertos e inconformidad en la infraestructura se replica en Guárico, donde menos del 30 % de la población estudiantil regresó a clases. Eleuterio de la Rosa, presidente del Colegio de Profesores en esta entidad, aseguró que el lunes 14 de septiembre la reincorporación de estudiantes y docentes fue de apenas 25 %, aunque para el miércoles 16 de septiembre se reportó una mayor afluencia.
Por otra parte, pese a que las autoridades de educación aseguraron que se atendieron fallas en 18 planteles, representantes de la Escuela José Camejo (Altagracia de Orituco) acordaron no enviar a sus hijos a clases debido al grave deterioro de la planta física.
La baja asistencia de alumnos en Barinas el lunes 14 de septiembre, fue un indicio de que el comienzo del año escolar 2026-2027 tendría que esperar la fecha que anunciaron los sindicatos como la legal para normalizar las actividades: 16 de septiembre.
Dado que la ley establece el inicio formal del año escolar a partir de la segunda quincena del mes de septiembre, hubo escuelas donde los docentes desestimaron el llamado del ministro de Educación, Héctor Rodríguez.
Pese a que escuelas tradicionales como Menca de Leoni, Rafael Ignacio Mendoza Rubio, Reinoso Núñez, entre otras, abrieron sus puertas, fue escasa la presencia de alumnos en las aulas.
Emergencia sanitaria en escuelas
Al desplazarnos hacia el oriente del país, el panorama no muestra variaciones alentadoras. En el estado Monagas, el inicio del año escolar registró un marcado ausentismo que dejó la mayoría de las aulas desiertas.

Darío Lima, presidente del Sindicato Unitario del Magisterio de la entidad (Suma), catalogó el arranque del ciclo como un “fracaso total”, al reportar una inasistencia cercana al 80 % entre estudiantes y personal docente en varios municipios, afectando severamente a escuelas de sectores como Jusepín, Las Carolinas, Guayabal y el municipio Aguasay.
En las entidades costeras de la misma región oriental, la incorporación ha sido a “cuenta gotas”. En el estado Anzoátegui, el regreso a clases ha tenido un comienzo lento. Maira Marín, presidenta de Sinvema en la entidad, señaló que durante los primeros días se registró un bajo promedio de asistencia de alumnos y educadores, motivado por los salarios deprimidos y las malas condiciones de los planteles. Espera que la reincorporación mejore la próxima semana.
En el estado Sucre, el inicio de clases estuvo marcado por la reincorporación de docentes para tareas administrativas y de acondicionamiento, pero con una marcada ausencia de estudiantes.

La dirigencia gremial desmintió las versiones oficiales sobre altos salarios en dólares, ratificando que el sueldo base oscila entre 130 y 500 bolívares sin incidencia real de los bonos. A esto se suman serias emergencias de infraestructura tras el doblete sísmico de junio y la falta de autorización para inspecciones técnicas por parte del Colegio de Ingenieros. Además, la severa crisis hídrica en Cumaná amenaza con desencadenar emergencias sanitarias en escuelas con cientos de alumnos y una sola batería de baños operativa.
En el estado Bolívar, la gobernadora Yulisbeth García informó la apertura de más de 1.000 planteles y una matrícula que supera los 320.000 estudiantes, destacando planes de rehabilitación y dotación en instituciones como el Complejo Educativo Maestra Alida Belisario.

Sin embargo, el panorama oficial contrasta con la realidad denunciada por el Colegio de Profesores, que señaló que el 80m % de las escuelas no se encuentran aptas para recibir a los alumnos debido a la falta de atención y mantenimiento en techos, baños y áreas verdes.
Una muestra de esta problemática se evidencia en la Escuela Simón Bolívar de Villa Bahía, donde la comunidad reportó un grave deterioro en su infraestructura, con severas filtraciones en los techos y salones que se anegan durante las lluvias.
Ante esta situación, los voceros criticaron la inacción de la alcaldía y la gobernación, señalando que a pesar de las inspecciones realizadas por representantes gubernamentales, las soluciones prometidas no han llegado, obligando a los estudiantes a enfrentar precarias condiciones en este regreso a clases.
El recorrido por la realidad educativa de Venezuela en este arranque del ciclo 2026-2027 revela una crisis estructural que sobrepasa el ámbito estrictamente pedagógico. La coincidencia en las denuncias de ausentismo estudiantil por incapacidad económica familiar, las protestas de los docentes ante salarios deprimidos que desmotivan su labor y el crítico deterioro de las infraestructuras, agravado por fallas de servicios básicos y riesgos sísmicos, evidencian que la educación pública en Venezuela cada año está en peores condiciones.





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