
Hace una semana, Delcy Rodríguez hizo una invitación especial a todos los empresarios colombianos: volver a Venezuela. Era un llamado con una noticia, pues la persona más rica de Colombia, el empresario Jaime Gilinski, estaba a su lado, anunciando una multimillonaria inversión en la industria petrolera del país con mayores reservas de crudo del mundo.
Por Camila Osorio | EL PAÍS
“El interés demostrado de invertir en Venezuela, por parte de un grupo tan serio como el que pertenece el señor Jaime, es una gran muestra de la confianza que existe en el país, en las leyes del país”, añadió Rodríguez. Y es que el plan de los empresarios colombianos que decidan aceptar la invitación de Caracas pasa por esas dos palabras claves: confianza y petróleo.
La primera es clave para los empresarios colombianos, que la terminaron de perder en los últimos años, bajo el régimen autoritario de Nicolás Maduro y las expropiaciones del chavismo. Ahora ven con curiosidad el dinero que están invirtiendo en una economía muy frágil los Gilinski y los empresarios aliados de la Casa Blanca. Son señales interesantes para los dueños del capital, pero no suficientes para sentirse convencidos.
“Aún no veo una actitud decidida de los empresarios colombianos para meterse a invertir, y esa falta de certeza que tienen es por las reglas de juego. ¿Cuál es mi seguridad jurídica si voy allá? Muchos fueron expropiados en Venezuela y algunos no han sido compensados aún”, explica Javier Díaz, presidente ejecutivo de la colombiana Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex). Es una falta de certeza que va de lo económico a lo político, en una Venezuela no tiene claro incluso si volverá a tener elecciones democráticas o no, pues tanto Trump como su secretario de Estado, Marco Rubio, han retrasado esa posibilidad.
Aun con esos riesgos, del lado colombiano ha invertido Jaime Gilinski, un respetado empresario que encabeza los bancos Lulo y GNB, la cadena alimenticia Nutresa o la industria de plásticos Rimax. El banquero, conocido por su creatividad y arrojo al hacer negocios, ha dicho que la petrolera de la que es el accionista más grande, GeoPark, tiene la capacidad de hacer toda la inversión en un campo del llamado cinturón del Orinoco, una zona de crudos densos, lo que los hace costosos de sacar y refinar.
“A Gilinski siempre se le ha visto como un hombre que sabe y le gusta tomar riesgos, y que tiene una mirada de largo plazo en los negocios”, explica Díaz, de Analdex, sobre el colombiano que sí se lanzó al agua y una apuesta que, según algunos expertos, podría llegar a tardar una década en ser rentable.
“En Venezuela, la oportunidad está particularmente en la recuperación de la industria energética y en la cadena de bienes y servicios que esa recuperación necesita”, dice Nelson Castañeda, presidente de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios de Petróleo, Gas y Energía (Campetrol). Explica que las cifras de la OPEP dan razones para ese apetito empresarial: Venezuela, en solo un semestre, aumentó su producción de crudo en un 34,6%, de 830.000 diarios en enero de 2026 a 1.117.000 en julio.
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