.

.

Translate

martes, 22 de septiembre de 2026

Trump convirtió la captura de Maduro y el acuerdo petrolero en sus trofeos antes de recibir a Delcy

 


La Patilla

 

Donald Trump llega este martes 22 de septiembre al encuentro con Delcy Rodríguez después de haber convertido la captura de Nicolás Maduro y el acuerdo sobre las reservas petroleras venezolanas en dos de los principales trofeos de su política hacia Caracas, mientras la nueva mandamás del régimen busca presentarse en Nueva York como interlocutora de un país que todavía permanece bajo una fuerte influencia de Washington.




La escena tiene una carga política difícil de disimular. Horas antes de sentarse con Rodríguez, Trump utilizó el podio de la Asamblea General de Naciones Unidas para recordar que Estados Unidos entró en Caracas, capturó a Maduro y lo calificó como “el verdadero criminal”. No habló como quien llega a negociar desde cero con un interlocutor en igualdad de condiciones, sino como quien exhibe ante el mundo los resultados de una operación que cambió radicalmente el poder en Venezuela.

“En enero, bajo mi dirección, las fuerzas armadas de los Estados Unidos llevaron a cabo una masiva operación militar, penetrando profundamente en la capital venezolana, Caracas, descendiendo sobre una base militar fuertemente defendida y fortificada, una que se suponía infalible contra cualquier ataque, y arrestó al dictador prófugo, el verdadero criminal Nicolás Maduro”, dijo Trump ante los representantes de los países miembros de la ONU. También aseguró que, después de la captura, cientos de presos políticos venezolanos fueron liberados y comenzaron a trabajar con dirigentes del país para construir “un futuro mucho mejor”.

La expresión de Rodríguez mientras Trump pronunciaba esas palabras tampoco pasó inadvertida. Sentada junto a su séquito, mantuvo el rostro serio, la mirada al frente y los labios apretados cuando el mandatario estadounidense describió la operación que terminó con la detención de Maduro. La escena ocurrió precisamente antes del primer encuentro presencial entre ambos.

Maduro y el petróleo, los trofeos

Trump no llegó a esta cita solamente con el recuerdo de Maduro. También llevó consigo el acuerdo petrolero que su administración presenta como el mayor de la historia y que, según la Casa Blanca, otorga a Estados Unidos control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas. El acuerdo contempla además derechos de gobernanza y participación económica para Estados Unidos, según la propia administración estadounidense.

“El mes pasado firmamos el mayor acuerdo petrolero de la historia, que abarca 65.000 millones de barriles de petróleo, lo que beneficiará enormemente tanto a Venezuela como a Estados Unidos y ayudará a reducir los costos de la energía en todo el mundo. Y eso está empezando a notarse ahora mismo”, afirmó Trump durante su discurso.

El dato es especialmente relevante porque el propio secretario de Estado, Marco Rubio, explicó en septiembre que el acuerdo petrolero forma parte de la recuperación venezolana, aunque aclaró que el pacto no fue firmado directamente con el chavismo, sino con una compañía privada en la que participa Estados Unidos. Rubio vinculó expresamente ese proceso con la transición de Venezuela y señaló que todavía quedaba “mucho más por hacer”, incluyendo democracia y elecciones.

Así, antes de que Rodríguez entre al salón para su encuentro con Trump, Washington ya puede exhibir una lista concreta de resultados: Maduro está detenido en Estados Unidos, las exportaciones petroleras venezolanas se encuentran dentro de un esquema profundamente modificado y empresas estadounidenses tienen una posición privilegiada en la recuperación de la industria.

El tercer capítulo todavía está pendiente

Pero hay un tercer trofeo que Trump todavía no puede mostrar: una Venezuela plenamente encaminada hacia elecciones libres y una transferencia del poder a un gobierno escogido por los venezolanos.

Ese es precisamente el tercer componente de la estrategia que Rubio presentó en enero: estabilización, recuperación y transición. La primera fase buscaba impedir el caos; la segunda contempla recuperación económica, inversiones y reconciliación; y la tercera apunta a una transición política. Rubio aclaró entonces que algunas de esas fases podían desarrollarse simultáneamente.

La diferencia es importante porque permite entender por qué el encuentro con Rodríguez no equivale, por sí mismo, a una certificación de que el chavismo haya recuperado autonomía política. Desde Washington, Rodríguez ha sido tratada como presidenta interina dentro de un proceso cuyo desenlace declarado incluye una transición democrática. En febrero, la embajada estadounidense reiteró a Rodríguez las tres fases planteadas por Rubio.

De hecho, el Departamento de Estado ha descrito la relación con Caracas en términos de una transición en marcha, mientras análisis recientes señalan que Washington mantiene una influencia decisiva sobre áreas como el petróleo y los ingresos provenientes de las exportaciones. El Financial Times reportó este martes que Rodríguez necesita aprobación estadounidense para acceder y gastar determinados ingresos petroleros venezolanos.

Delcy llega después de meses de tutelaje estadounidense

Por eso el encuentro Trump-Rodríguez no puede analizarse únicamente desde la fotografía que pueda producir. La reunión llega después de meses en los que Washington ha mantenido una influencia directa sobre las decisiones económicas y políticas de Caracas.

La administración estadounidense comenzó ese proceso inmediatamente después de la captura de Maduro. Rubio explicó públicamente que Estados Unidos controlaría la forma en que se administrarían los ingresos derivados del petróleo venezolano durante la etapa de estabilización y que ese dinero no debía quedar bajo control del régimen.

En paralelo, Washington abrió canales directos con Rodríguez. La relación fue descrita como una interlocución constante entre funcionarios estadounidenses y el equipo de la sucesora de Maduro, mientras el régimen avanzaba en reformas petroleras y negociaciones económicas con empresas de Estados Unidos.

Ahora Rodríguez y Trump finalmente se verán cara a cara. Será un encuentro informal al margen de la Asamblea General, conocido diplomáticamente como pull-aside, y constituye la primera interacción presencial entre ambos desde la operación estadounidense de enero.

El contraste resulta inevitable: mientras el aparato chavista puede intentar convertir la reunión en una imagen de reconocimiento y normalidad internacional, Trump llega con Maduro detenido, con un acuerdo petrolero que la Casa Blanca presenta como histórico y con una hoja de ruta en la que la transición democrática todavía aparece como una fase pendiente.

El verdadero resultado no será la foto

Rodríguez puede regresar a Caracas con una fotografía junto a Trump. Puede presentarla como evidencia de que Venezuela volvió a la escena internacional y de que su administración mantiene interlocución directa con la Casa Blanca.

Pero una fotografía no cambia quién tiene las principales palancas de presión.

El petróleo, la recuperación económica, el acceso al financiamiento internacional y buena parte de las condiciones bajo las cuales se desarrolla la transición venezolana están atravesados actualmente por decisiones estadounidenses. Y mientras el chavismo puede intentar vender la reunión como una victoria diplomática, Trump ya tiene material para presentar la suya: Maduro capturado, la industria petrolera venezolana abierta a una participación estadounidense sin precedentes y un proceso político que Washington dice querer conducir hacia una transición.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.