2001La Venezuela de nuestros días es el país de los contrastes. El mismo día, los mismos medios de comunicación social que informan sobre las carencias alimentarias y de toda índole que padecen las mayorías nacionales publican las cifras provistas en el presupuesto correspondiente al año administrativo 2007 para cubrir los gastos —no todos— del presidente de la República. Son de antología las previsiones presupuestarias para los gastos —insisto en que no todos— del presidente de la República. Y revelan la insondable diferencia entre el discurso del golpista-presidente sobre la realidad de las mayorías venezolanas condenadas a vivir dentro del círculo infernal de la miseria y su propia y diaria conducta, ofensivamente opulenta, dispendiosa de los dineros públicos en la satisfacción de sus caprichos de irredimible resentido social. Los medios de comunicación social han sido reiterativos estos días en informar sobre el cuadro de escasez general de productos básicos de la alimentación popular, de carestía agobiante, de inflación desenfrenada, factores que inciden en profundizar la infelicidad de casi el noventa por ciento de la población venezolana. Cada día es más inalcanzable para la mayoría de las familias venezolanas satisfacer sus necesidades elementales. No les bastan, no pueden bastarles los escasos sueldos y salarios que les ingresan. A las que tienen ingresos, pues el desempleo, pese a las manipulaciones del Instituto Nacional de Estadística, ronda el veinte por ciento de la población activa. El salario mínimo no alcanza para cubrir ni siquiera la mitad de los gastos indispensables de la familia promedio venezolana. ¿Y qué ocurre por los predios presidenciales. ¿Cómo se bate el cobre en lo que concierne a los gastos del golpista-presidente? El presupuesto correspondiente al año administrativo en curso estatuye gastos del orden de los 442,2 millones de bolívares para vestidos, para ropa. Más 152,9 millones de bolívares para la provisión de calzado. Más 152,9 millones de bolívares para la provisión de calzado. Más 65.2 millardos de bolívares para lavandería y tintorería. Más 66.5 millardos de bolívares para compra de libros, revistas y periódicos. La información publicada sobre los gastos del presidente de la República no recoge los relativos a alimentación y bebidas, que deben totalizar suma superior a la de las cifras del párrafo anterior. Ni, tampoco, revelan los gastos presupuestados para los viajes mundiales del golpista-presidente, que pesan gravemente sobre el tesoro nacional pues que esos viajes son ya mensuales, o quincenales, con visitas semanales a Cuba para hacerle compañía a su enfermo comandante en jefe, Fidel Castro. Y vale señalar, también que no se brinda información sobre los gastos de la residencia presidencial de La Casona, donde están aposentados desde hace años una hija del golpista-presidente y su esposo, a los cuales también ampara —¡y vaya con qué generosidad!— el presupuesto de la República. Aberrante miseria de las mayorías venezolanas. Ofensiva opulencia del golpista-presidente. Tales son los extremos contrarios de la Venezuela de nuestros días. De la Venezuela del “Socialismo del Siglo XXI”. Post-scriptum: Los presidentes Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campíns, Jaime Lusinchi y Ramón Velásquez, pagaban de sus propios bolsillos los trajes con los que se vestían, las camisas, las corbatas, los zapatos, la ropa interior. La zanganería militar, que carga al Estado todos los gastos de la archiprivilegiada y ociosa clase castrense y de sus respectivas familias —uniformes, vivienda, alimentación, recreación, viajes, vehículos, educación, vicios— le hizo sitio en el presupuesto a la satisfacción de los caprichos de resentido social del golpista-presidente, que paga toda la Venezuela civil hoy pisoteada por la grosera bota del militarismo.
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