El Universal Ojalá que la Cantv reestatizada funcione tan bien como lo ha hecho la privatizada
Ojalá que la Cantv reestatizada funcione tan bien como ha funcionado estos años la privatizada. No puedo desear menos: sería una irresponsabilidad y hasta se podría calificar de delito el echar por tierra los criterios de excelencia con los que se ha manejado la empresa desde que se convirtió en una empresa privada.
La verdad es que no fue tarea fácil poner a funcionar bien algo que funcionaba tan requete mal. Quienes tienen edad suficiente recordarán el calvario que era aquella Cantv. Conseguir una línea de teléfono en Caracas era una odisea. Y si uno vivía en el interior, mucho peor. Yo estuve esperando que me instalaran mi teléfono en Maracay más de un año y fui considerada por mis amistades como una de las afortunadas que "esperó poco". Pero tener teléfono no era garantía de comunicación, porque al descolgarlo siempre había que esperar a que cayera el tono de discar.
¿Recuerdan el parto que era llamar al 122, larga distancia internacional? Para no hablar del 103, información, que jamás respondía. De hecho, el refrán "a palabras necias, oídos sordos" lo cambió el humor criollo por "a palabras necias, oídos de 103".
Era común llamar a un número y que cayera otro. Las conversaciones telefónicas se ligaban con frecuencia. Y había ocasiones en las que no había forma de que dos números se desligaran.
¿Trató usted alguna vez de llamar por un teléfono público que sirviera? Porque los que no habían destrozado los salvajes de oficio, tampoco funcionaban... Y puedo continuar con esta lista de "cómo no debe marchar una empresa de servicios".
Por eso es que resulta tan valiosa la labor de Gustavo Roosen y su equipo al frente de Cantv. Ellos llevaron la Cantv de ser el horror que acabo de relatar a ser una empresa modelo en el mundo. Pero un gerente como Gustavo Roosen no se improvisa. Lo recuerdo como el ejecutivo estrella de Empresas Polar cuando yo realizaba mi pasantía y él era coordinador general de la División de Alimentos. Después fue ministro de Educación y presidente de Pdvsa, entre otros cargos.
Como profesional, siento profundo respeto y admiración por la labor y la trayectoria de Gustavo Roosen. Y como venezolana, le envío unas muy sentidas ¡gracias, Gustavo!, por demostrarnos que con voluntad, trabajo y criterio sí podemos ser excelentes.
cjaimesbranger@gmail.com
Ojalá que la Cantv reestatizada funcione tan bien como ha funcionado estos años la privatizada. No puedo desear menos: sería una irresponsabilidad y hasta se podría calificar de delito el echar por tierra los criterios de excelencia con los que se ha manejado la empresa desde que se convirtió en una empresa privada.
La verdad es que no fue tarea fácil poner a funcionar bien algo que funcionaba tan requete mal. Quienes tienen edad suficiente recordarán el calvario que era aquella Cantv. Conseguir una línea de teléfono en Caracas era una odisea. Y si uno vivía en el interior, mucho peor. Yo estuve esperando que me instalaran mi teléfono en Maracay más de un año y fui considerada por mis amistades como una de las afortunadas que "esperó poco". Pero tener teléfono no era garantía de comunicación, porque al descolgarlo siempre había que esperar a que cayera el tono de discar.
¿Recuerdan el parto que era llamar al 122, larga distancia internacional? Para no hablar del 103, información, que jamás respondía. De hecho, el refrán "a palabras necias, oídos sordos" lo cambió el humor criollo por "a palabras necias, oídos de 103".
Era común llamar a un número y que cayera otro. Las conversaciones telefónicas se ligaban con frecuencia. Y había ocasiones en las que no había forma de que dos números se desligaran.
¿Trató usted alguna vez de llamar por un teléfono público que sirviera? Porque los que no habían destrozado los salvajes de oficio, tampoco funcionaban... Y puedo continuar con esta lista de "cómo no debe marchar una empresa de servicios".
Por eso es que resulta tan valiosa la labor de Gustavo Roosen y su equipo al frente de Cantv. Ellos llevaron la Cantv de ser el horror que acabo de relatar a ser una empresa modelo en el mundo. Pero un gerente como Gustavo Roosen no se improvisa. Lo recuerdo como el ejecutivo estrella de Empresas Polar cuando yo realizaba mi pasantía y él era coordinador general de la División de Alimentos. Después fue ministro de Educación y presidente de Pdvsa, entre otros cargos.
Como profesional, siento profundo respeto y admiración por la labor y la trayectoria de Gustavo Roosen. Y como venezolana, le envío unas muy sentidas ¡gracias, Gustavo!, por demostrarnos que con voluntad, trabajo y criterio sí podemos ser excelentes.
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