
2001
La aprobación de la Ley Habilitante por un poder espurio, remedo de Asamblea Nacional, marca un punto de inflexión, lleno de penurias para el porvenir de la Patria, al terminar de otorgarle a Chávez por la calle del medio todas las atribuciones, para que consolide su designio de poder totalitario personalista, de hacer lo que le venga en gana. Que poca vergüenza exhiben los parlamentarios escogidos a dedo, al responder sumisos a la voz del amo, que ni siquiera los considera capaces de cumplir con los meros trámites parlamentarios, propios de su competencia de poder independiente, para sancionar las leyes que les ordena. Ni siquiera sirven para guardar el barniz democrático de las formalidades y aplauden como mentecatos la resignación de sus funciones. Tampoco la otrora ala luminosa de la izquierda irredenta que en el pasado dio pruebas de dignidad y apego a unos ideales de vida y sueños de país, ha podido contener al Frankenstein que con sus omisiones ha ayudado a acrecentar y que los devorará uno a uno mediante la guillotina implacable de la purga y execración comunista. La imposición del socialismo del siglo XXI es el siguiente conflicto a gran escala entre la sociedad democrática y la autocracia. Su pretendido esquema de dominación, intervención, control social y afectación de derechos particulares y colectivos (como la educación de los hijos, la propiedad privada, el Magallanes), es mayoritariamente rechazado por los venezolanos. La sociedad democrática no debe hacerle el juego al régimen cayendo en la inútil discusión de la reforma constitucional o participando en una supuesta Asamblea Constituyente, en donde las materias a considerar ya están previamente decididas por el teniente coronel; tampoco debe prestarse a servir de comparsa al régimen para volarse los restos de democracia que nos quedan. Estamos en presencia de la dictadura de una minoría mayoritaria. A la pretendida estocada final al Estado de Derecho debemos oponerle la doctrina constitucional establecida en estos mismos tiempos del régimen que señala la imposibilidad de alterar los valores y principios subyacentes en la tradición republicana, la independencia, la paz, la libertad, la democracia y los derechos humanos. El poder constituyente tiene límites para modificar la organización de los poderes del Estado, debiendo respetar los derechos fundamentales del hombre, el principio de la división de los poderes, la idea de la democracia y las condiciones existenciales del Estado. No aceptaremos que mediante la amenaza, la irracionalidad y la violencia se imponga un sistema ideológico ajeno a nuestra cultura democrática. Al régimen le perturba cada día más el desencanto y las protestas de las clases populares. Hay personajes cuyas conductas desdicen su predica. En días pasados en un acto en el Teresa Carreño, el teniente coronel ordenó retirarle el agua a los funcionarios que lo acompañaba en el presidium para igualarlos por abajo con los del público. No predicaba con el ejemplo precisamente, según el relato entre jocoso y serio de Porfirio Pomarrosa: ...Cuando ordenaba retirar el agua Chávez bebía un negrito servido en tasa de porcelana, y luciendo un Nino Carbone cortado a la medida y cosido a mano en casimir italiano 1230, que tiene un costo de 8 millones de bolívares; sobre camisa blanca confeccionada en tela suiza a la medida, con cuello importado de Italia, de los que no se tuercen; los zapatos no son de Manacho, sino de 600 dólares, o sea 2.400.000 bolívares, millón doscientos mil en cada pie. Y nada de medias cha chachachá, sino fil d’ ecosse, cada pie enfundado en $20, sin meter la corbata de seda Made in Italy y el Cartier de colección. Eso no baja de 12.000 dólares. Si es el vicepresidente tiene como tres Audi blindados, personales. En el exclusivo Municipio Chacao, en el exclusivo barrio Country Club, así como en el norte de Altamira, los jerarcas del régimen adquieren mansiones en dos millones de dólares y las tumban para gastar 4 ó 5 en hacer la nueva... Sobran los comentarios.
La aprobación de la Ley Habilitante por un poder espurio, remedo de Asamblea Nacional, marca un punto de inflexión, lleno de penurias para el porvenir de la Patria, al terminar de otorgarle a Chávez por la calle del medio todas las atribuciones, para que consolide su designio de poder totalitario personalista, de hacer lo que le venga en gana. Que poca vergüenza exhiben los parlamentarios escogidos a dedo, al responder sumisos a la voz del amo, que ni siquiera los considera capaces de cumplir con los meros trámites parlamentarios, propios de su competencia de poder independiente, para sancionar las leyes que les ordena. Ni siquiera sirven para guardar el barniz democrático de las formalidades y aplauden como mentecatos la resignación de sus funciones. Tampoco la otrora ala luminosa de la izquierda irredenta que en el pasado dio pruebas de dignidad y apego a unos ideales de vida y sueños de país, ha podido contener al Frankenstein que con sus omisiones ha ayudado a acrecentar y que los devorará uno a uno mediante la guillotina implacable de la purga y execración comunista. La imposición del socialismo del siglo XXI es el siguiente conflicto a gran escala entre la sociedad democrática y la autocracia. Su pretendido esquema de dominación, intervención, control social y afectación de derechos particulares y colectivos (como la educación de los hijos, la propiedad privada, el Magallanes), es mayoritariamente rechazado por los venezolanos. La sociedad democrática no debe hacerle el juego al régimen cayendo en la inútil discusión de la reforma constitucional o participando en una supuesta Asamblea Constituyente, en donde las materias a considerar ya están previamente decididas por el teniente coronel; tampoco debe prestarse a servir de comparsa al régimen para volarse los restos de democracia que nos quedan. Estamos en presencia de la dictadura de una minoría mayoritaria. A la pretendida estocada final al Estado de Derecho debemos oponerle la doctrina constitucional establecida en estos mismos tiempos del régimen que señala la imposibilidad de alterar los valores y principios subyacentes en la tradición republicana, la independencia, la paz, la libertad, la democracia y los derechos humanos. El poder constituyente tiene límites para modificar la organización de los poderes del Estado, debiendo respetar los derechos fundamentales del hombre, el principio de la división de los poderes, la idea de la democracia y las condiciones existenciales del Estado. No aceptaremos que mediante la amenaza, la irracionalidad y la violencia se imponga un sistema ideológico ajeno a nuestra cultura democrática. Al régimen le perturba cada día más el desencanto y las protestas de las clases populares. Hay personajes cuyas conductas desdicen su predica. En días pasados en un acto en el Teresa Carreño, el teniente coronel ordenó retirarle el agua a los funcionarios que lo acompañaba en el presidium para igualarlos por abajo con los del público. No predicaba con el ejemplo precisamente, según el relato entre jocoso y serio de Porfirio Pomarrosa: ...Cuando ordenaba retirar el agua Chávez bebía un negrito servido en tasa de porcelana, y luciendo un Nino Carbone cortado a la medida y cosido a mano en casimir italiano 1230, que tiene un costo de 8 millones de bolívares; sobre camisa blanca confeccionada en tela suiza a la medida, con cuello importado de Italia, de los que no se tuercen; los zapatos no son de Manacho, sino de 600 dólares, o sea 2.400.000 bolívares, millón doscientos mil en cada pie. Y nada de medias cha chachachá, sino fil d’ ecosse, cada pie enfundado en $20, sin meter la corbata de seda Made in Italy y el Cartier de colección. Eso no baja de 12.000 dólares. Si es el vicepresidente tiene como tres Audi blindados, personales. En el exclusivo Municipio Chacao, en el exclusivo barrio Country Club, así como en el norte de Altamira, los jerarcas del régimen adquieren mansiones en dos millones de dólares y las tumban para gastar 4 ó 5 en hacer la nueva... Sobran los comentarios.
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