2001El abogado y académico Alfredo Morles Hernández le correspondió contestar el discurso de incorporación del sacerdote jesuita Luis Ugalde, como individuo de número a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. En su magnífica intervención el Dr. Morles destacó una serie de aspectos relevantes sobre la vida e ideas de este distinguido hombre de fe. Resaltaremos algunos de ellos. El padre Ugalde es un venezolano de excepción ganado a la reflexión y a la formulación de un pensamiento, mediante el ejercicio de los altos goces del espíritu que no pueden expresarse simplemente en guarismos estadísticos de índole mercantil. Se muestra contrario al pragmatismo esterilizador causante de que exista hoy tanta angustia, tanta nostalgia de felicidad y de auténtico equilibrio humano. Ugalde es filosofo, teólogo, sociólogo, pedagogo, doctor en Historia, rector de la Universidad Católica Andrés Bello y autor de numerosos libros, monografías y artículos. Como rector se ha empeñado en desarrollar una educación que permita a todos los estudiantes, independientemente de los recursos económicos familiares, acceder a los más altos niveles de cultura y ascender en la escala social al puesto que les corresponde por sus cualidades y por su esfuerzo. Propicia una universidad que enseñe a subordinar las realidades económicas y sociales a valores superiores que le den sentido a la vida, proclamando que, si bien la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona con la sabiduría, ésta debe orientar al hombre a la búsqueda de la verdad y del bien. La educación no se reduce a lo meramente intelectual, sino que abarca la formación de la voluntad y de los afectos, ordenados hacia un crecimiento que combina la transformación del mundo con el desarrollo personal responsable. Ugalde ha jugado un rol activo en las jornadas cívicas del país democrático en los últimos diez años. Pocas veces la Universidad Católica Andrés Bello había sido un centro tan activo de cuestionamiento, reflexión y pensamiento crítico vertido hacia el exterior como en los últimos años. Luis Ugalde no es un militante político, pero sí es un “militante de la democracia y de la justicia social”. Piensa que el primer aporte de las Ciencias Sociales es ayudar a precisar el tono de la afirmación teológica y reducir las pretensiones, no pocas veces presentes, de divinizar, haciéndolo inmutable, el modesto producto de la reflexión humana. La Teología no es el reino del pensar y del saber incontaminado de pasión, de ideología, de prejuicio, de intereses creados, de autolegitimación, de intereses de clase, etc. Ella, tanto o más que otras formas de saber y de pensar, necesita de la autosospecha permanente con respecto a estas posibles influencias y la necesaria escucha de críticas provenientes de fuera, sea de las diversas ciencias y formas de saber, sea sobre todo de la vida cotidiana del hombre y sus grandes problemas, de la praxis cristiana capaz de detectar y rebelarse contra las desviaciones anticristianas de la Teología. Ugalde sostiene que sólo el futuro dirá si el hombre de hoy ha sido capaz de afirmar su propia libertad frente a la mercancía, producto de su ingenio. El cristiano es alguien que debe vivir, más que ningún otro, en una espera creativa y rechazar toda realidad humana que pretenda imponerse como absoluta. Aquellos que esperan en Cristo no pueden soportar la realidad tal como es, sino que sufren al verse sometidos a ella y se esfuerzan por oponerse a ella. La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea regir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas. Para Luis Ugalde el sentido de la esperanza es el de una fuerza capaz de lograr transformaciones. Los cristianos tenemos que estar claros para no vaciar nuestra esperanza trascendente en modelos socioeconómicos y reinos políticos de ilusa plenitud intrahistórica, para cuya imposible consecución se justifican todos los horrores. Advierte que quienes ofrecen a los demás un paraíso en la tierra, en realidad lo que les está preparando es un infierno muy respetable; el mal es incapaz de tener éxito.
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