Salta.- Fue como ganar. En los últimos siete minutos de partido Venezuela ofreció su mejor cosecha vinotinto. Demostró de qué está hecha: de trabajo, de esfuerzo, de orgullo, de garra, de ambición.
Con ello empató 3-3 ante Paraguay en el cierre del Grupo B de la Copa América Argentina 2011 con dos goles sobre el final del encuentro, que iba perdiendo por 3-1 en el estadio Padre Ernesto Martearena de la ciudad de Salta.
Con ello empató 3-3 ante Paraguay en el cierre del Grupo B de la Copa América Argentina 2011 con dos goles sobre el final del encuentro, que iba perdiendo por 3-1 en el estadio Padre Ernesto Martearena de la ciudad de Salta.
Fue uno de esos partidos inolvidables, que marcan a los jugadores, que no olvidan los aficionados, y que quedan grabados en los corazones porque enamoran.
El final heroico, de película, vale la pena recordarlo. Era la última jugada, Juan Arango cobraba el tiro de esquina y el seleccionador César Farías le pedía al portero Renny Vega que fuera al área para cabecear. Fue un momento de clarividencia.
Hasta entonces los aficionados paraguayos presentes en el estadio cantaban: "despacito, despacito te rompimos... ".
Pero el capitán de la selección nacional le colocó la pelota en la cabeza del guardameta que la peinó para que Grenddy Perozo terminara de empujarla dentro del arco por el palo izquierdo del portero Justo Villar.
La remontada quedó sentenciada y los jugadores explotaron de la emoción. Vega se vino sobre Farías a celebrarlo. La selección nacional se había propuesto a sí misma que no podía perder ante Paraguay y apostó durante todo el encuentro, buscó el triunfo y por eso salió premiada al final con no perderlo.
También querían quedar líderes del llamado grupo de la muerte, pero Brasil no lo permitió con su triunfo ante Ecuador por 4-2, y fueron segundos con cinco puntos, los mismos que la canarinha.
La vinotinto había comenzado el partido con un gol de Salomón Rondón en una gran jugada de Tomás Rincón que dio un pase desde el piso. Dominó el primer tiempo a placer. Bailó, disfrutó, se divirtió. Pero luego los paraguayos apelarían a su necesidad de ganar para no quedar fuera del torneo y castigaron duro con tres tantos a balón parado de Antolín Alcaraz, Lucas Barrios y Cristhian Riveros.
Sí, mostraron su categoría mundialista, pero les aguardaba el corazón latente de la vinotinto. Entregada al ataque con tres delanteros consiguió el 3-2 con un tanto de Miku Fedor que comenzó con un pase de Arango para Maldonado quien apenas la toca para Rondón, quien finalmente la pone al goleador que abrió el camino de la gesta.
La polémica del penal que no cobró el árbitro principal chileno Enrique Osses, tras un codo en el área de Alcaraz a trece minutos del final, quedó en segundo plano porque la selección puso el espíritu y el fútbol.
Fue uno de los mejores encuentros que lo que va de la Copa América. La vinotinto se fue del campo aplaudida y coreada por todos los aficionados venezolanos y argentinos presentes.
Lino Alonso, el director de selecciones nacionales, se sacó su boina negra y la regaló a la tribuna con un gesto de torero.
Fue el último partido en Salta 'la linda' y ahora se jugarán los cuartos de final con Chile en San Juan. Esto es lo más lindo que nos pudo pasar.
mjrey@eluniversal.com
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