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domingo, 14 de agosto de 2016

La peor cara de la crisis venezolana


Foto Diana Sanjinés
Foto Diana Sanjinés
La falta de insumos, repuestos y maquinarias genera un monopolio estatal que mantiene deudas multimillonarias con proveedores. El resultado es una gran escasez e inflación que pone a los ciudadanos a pagar las consecuencias con largas colas y sueldos que no alcanzan. La mala noticia es que todavía no se ha tocado fondo: los productores agrícolas tienen los inventarios agotados y han perdido cosechas, por lo que especialistas predicen que el año que viene puede haber una agudización de la ya dramática condición si el gobierno no implementa medidas urgentes


Sobrevolar los campos de sembradíos en la Colonia Agrícola de Turén, estado Portuguesa, es una experiencia desgarradora. Desde lo alto, el contraste de marrones y líneas desordenadas en varias tonalidades de verdes indica que varias hectáreas están destruidas. Algunos sembradíos se mantienen con inventarios que sus dueños prepararon con anterioridad, pero la mayoría son cosechas perdidas o ahogadas por mal drenaje como consecuencia de la siembra tardía o la escasez de recursos e insumos. La decadencia de la producción nacional es un horizonte que se extiende en cualquier dirección a la que uno mire.
Desde la década de los cincuenta, la familia de Roberto Zenere se dedica a la producción agrícola en este sector del país. Han heredado por generaciones un oficio que requiere dedicación y precisión. Son propietarios de 500 hectáreas que producen maíz, ajonjolí, frijoles y girasoles, y actualmente son testigos de una de las crisis más severas de toda la historia de la agricultura nacional.
A Roberto le pertenecen 77 hectáreas en donde siembra maíz. Lo cultiva dos veces al año: en mayo para la cosecha de invierno y en noviembre para la cosecha de verano, pero recién en julio fue cuando logró terminar la siembra del primer ciclo porque no tenía todos los insumos necesarios. 15 hectáreas quedaron sin sembrar y 30 sin abono corren el riesgo de no desarrollarse como es debido. Generalmente producía entre 6.000 y 7.000 kilos por hectárea, pero este año calcula que solo obtendrá alrededor de 4.000 kilos.
La situación es un pequeño indicio de la crisis económica que atraviesa el país. Según Datanálisis, la escasez sobrepasó 80% en mayo y comidas tan venezolanas como la arepa, que depende de la harina de maíz, se convertirán en un lujo exclusivo si no se recupera la producción. A esto se une la fuerte inflación, que podría cerrar el año por encima de 700%, pronostica el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Mientras los insumos no se consigan y todo el proceso de siembra no pueda completarse, las cosechas se seguirán perdiendo y las consecuencias serán cada vez más drásticas. Productores y especialistas advierten entonces que lo peor puede estar por venir.
En el caso del maíz, el consumo anual es cercano a los 4,5 millones de toneladas, pero en 2015 solo se produjeron 1,5 millones, la cifra más baja desde 2002, cuando hubo una producción de 1,4 millones de toneladas. Durante 13 años, Venezuela fue autosuficiente en este rubro. Hoy se importa más de 60% de lo que se requiere y las divisas para comprar en el exterior son escasas.
“En 60 años, 2015 fue el peor en agricultura. En maíz, ya sabemos que este año va a ser peor. En Barinas y Guárico apenas se sembró 50% y en Portuguesa 80%. De las 700.000 hectáreas de maíz que el gobierno tiene previsto sembrar, podemos afirmar que se llegará apenas a las 400.000”, señala Werner Gutiérrez, presidente de la Sociedad Venezolana para el Combate de Malezas.
Panorama poco alentador. La producción de la mayoría de los rubros ha descendido a niveles drásticos. Aquiles Hopkins, vicepresidente de Fedeagro, afirma que no hay posibilidades de recuperar la producción nacional en el escenario actual.
“Nunca es tarde para tomar las decisiones, el problema es que, mientras más se demoren, Venezuela paga las consecuencias. Desde 2014 no ingresan de manera formal repuestos de maquinarias, en un país donde 85% de estas ya cumplió su vida útil o están obsoletas. Deberían llegar 4.000 tractores anuales, pero durante los últimos 6 años han llegado solo 100. El gobierno tiene que escuchar, generar confianza y las condiciones para trabajar. Si no se toman los correctivos urgentes, podemos empeorar, va a seguir la caída de la producción nacional y la escasez”, advierte.
Hace 4 años Venezuela se autoabastecía de papa, hace 2 años tenía una tendencia ascendente en la producción de arroz que se acercaba a la autosuficiencia y durante 200 años se exportó café, pero el año pasado, de 12 rubros a los cuales Fedeagro le hace seguimiento, 11 tuvieron un decrecimiento significativo comparado con la producción de 2014 y 2008 (ver infografía). El retroceso es producto de varios factores, como la inseguridad en el campo y la falta de insumos, maquinarias, repuestos y desarrollo tecnológico.

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