Foto Diana Sanjinés
La falta de insumos, repuestos y maquinarias
genera un monopolio estatal que mantiene deudas multimillonarias con
proveedores. El resultado es una gran escasez e inflación que pone a los
ciudadanos a pagar las consecuencias con largas colas y sueldos que no
alcanzan. La mala noticia es que todavía no se ha tocado fondo: los
productores agrícolas tienen los inventarios agotados y han perdido
cosechas, por lo que especialistas predicen que el año que viene puede
haber una agudización de la ya dramática condición si el gobierno no
implementa medidas urgentes
Sobrevolar
los campos de sembradíos en la Colonia Agrícola de Turén, estado
Portuguesa, es una experiencia desgarradora. Desde lo alto, el contraste
de marrones y líneas desordenadas en varias tonalidades de verdes
indica que varias hectáreas están destruidas. Algunos sembradíos se
mantienen con inventarios que sus dueños prepararon con anterioridad,
pero la mayoría son cosechas perdidas o ahogadas por mal drenaje como
consecuencia de la siembra tardía o la escasez de recursos e insumos. La
decadencia de la producción nacional es un horizonte que se extiende en
cualquier dirección a la que uno mire.
Desde
la década de los cincuenta, la familia de Roberto Zenere se dedica a la
producción agrícola en este sector del país. Han heredado por
generaciones un oficio que requiere dedicación y precisión. Son
propietarios de 500 hectáreas que producen maíz, ajonjolí, frijoles y
girasoles, y actualmente son testigos de una de las crisis más severas
de toda la historia de la agricultura nacional.
A
Roberto le pertenecen 77 hectáreas en donde siembra maíz. Lo cultiva
dos veces al año: en mayo para la cosecha de invierno y en noviembre
para la cosecha de verano, pero recién en julio fue cuando logró
terminar la siembra del primer ciclo porque no tenía todos los insumos
necesarios. 15 hectáreas quedaron sin sembrar y 30 sin abono corren el
riesgo de no desarrollarse como es debido. Generalmente producía entre
6.000 y 7.000 kilos por hectárea, pero este año calcula que solo
obtendrá alrededor de 4.000 kilos.
La
situación es un pequeño indicio de la crisis económica que atraviesa el
país. Según Datanálisis, la escasez sobrepasó 80% en mayo y comidas tan
venezolanas como la arepa, que depende de la harina de maíz, se
convertirán en un lujo exclusivo si no se recupera la producción. A esto
se une la fuerte inflación, que podría cerrar el año por encima de
700%, pronostica el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Mientras los insumos no se consigan y todo el proceso de siembra no
pueda completarse, las cosechas se seguirán perdiendo y las
consecuencias serán cada vez más drásticas. Productores y especialistas
advierten entonces que lo peor puede estar por venir.
En
el caso del maíz, el consumo anual es cercano a los 4,5 millones de
toneladas, pero en 2015 solo se produjeron 1,5 millones, la cifra más
baja desde 2002, cuando hubo una producción de 1,4 millones de
toneladas. Durante 13 años, Venezuela fue autosuficiente en este rubro.
Hoy se importa más de 60% de lo que se requiere y las divisas para
comprar en el exterior son escasas.
“En
60 años, 2015 fue el peor en agricultura. En maíz, ya sabemos que este
año va a ser peor. En Barinas y Guárico apenas se sembró 50% y en
Portuguesa 80%. De las 700.000 hectáreas de maíz que el gobierno tiene
previsto sembrar, podemos afirmar que se llegará apenas a las 400.000”,
señala Werner Gutiérrez, presidente de la Sociedad Venezolana para el
Combate de Malezas.
Panorama poco alentador.
La producción de la mayoría de los rubros ha descendido a niveles
drásticos. Aquiles Hopkins, vicepresidente de Fedeagro, afirma que no
hay posibilidades de recuperar la producción nacional en el escenario
actual.
“Nunca
es tarde para tomar las decisiones, el problema es que, mientras más se
demoren, Venezuela paga las consecuencias. Desde 2014 no ingresan de
manera formal repuestos de maquinarias, en un país donde 85% de estas ya
cumplió su vida útil o están obsoletas. Deberían llegar 4.000 tractores
anuales, pero durante los últimos 6 años han llegado solo 100. El
gobierno tiene que escuchar, generar confianza y las condiciones para
trabajar. Si no se toman los correctivos urgentes, podemos empeorar, va a
seguir la caída de la producción nacional y la escasez”, advierte.
Hace
4 años Venezuela se autoabastecía de papa, hace 2 años tenía una
tendencia ascendente en la producción de arroz que se acercaba a la
autosuficiencia y durante 200 años se exportó café, pero el año pasado,
de 12 rubros a los cuales Fedeagro le hace seguimiento, 11 tuvieron un
decrecimiento significativo comparado con la producción de 2014 y 2008
(ver infografía). El retroceso es producto de varios factores, como la
inseguridad en el campo y la falta de insumos, maquinarias, repuestos y
desarrollo tecnológico.
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