El «número dos» del chavismo, Diosdado Cabello, salió este viernes 23 de enero a intentar recoger los vidrios rotos del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv). En medio de un evidente clima de fractura interna tras la captura de Nicolás Maduro, el vocero oficialista clamó desesperadamente por unidad y pidió a las bases que no dejen sola a la «presidenta encargada», Delcy Rodríguez.
Durante la marcha conmemorativa del 23 de enero, Cabello admitió el impacto devastador que sufrió la cúpula roja. «Fue un duro golpe de tristeza, rabia, dolor y frustración», confesó el también ministro de Interior chavista, reconociendo que la moral en las filas oficialistas está por el suelo tras la operación estadounidense que se llevó a Maduro y a Cilia Flores a Nueva York.
En un intento por apuntalar a una figura que no termina de convencer a las bases radicales, Cabello imploró un «apoyo constante» para Rodríguez. «Ella no buscaba esa responsabilidad (…) pero ahí está Delcy luchando», soltó Diosdado, casi excusándose por el liderazgo forzado de la sucesora de Maduro. «Le pedimos mucha confianza en la dirigencia», repitió.
El dirigente insistió en vender la narrativa del «secuestro» para intentar aglutinar fuerzas, advirtiendo que esto no será una «batalla de tres días». Mientras el régimen intenta sobrevivir aferrándose al recuerdo de Chávez, Cabello dejó claro que el miedo a que el proyecto se termine de derrumbar es real. «Nada ni nadie nos va a detener», gritó.

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