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lunes, 5 de enero de 2026

Ocho localizaciones distintas, espías sobre el terreno y seguridad cubana: los detalles de la "operación Resolución Absoluta"

 

Una pintura de Simón Bolívar alcanzada durante operaciones militares de Estados Unidos para capturar a Maduro. AP

 

Igual que hacía Sadam Hussein antes de su captura, Nicolás Maduro cambiaba de localización para dormir cada noche, en una rotación constante por ocho lugares diferentes para intentar confundir a sus enemigos. Pero los agentes que le espiaban ya conocían sus movimientos. Para que el plan saliera bien, tenían que esperar a que pernoctara en ese búnker. Tenía que haber sucedido cuatro días antes, el 30 de diciembre, pero el mal tiempo y la baja visibilidad aconsejaron retrasarla para evitar riesgos innecesarios. Una semana antes, el 23 de diciembre, un funcionario de la Casa Blanca había hecho el último intento de que Maduro aceptara un vuelo hacia el exilio que ofrecía Turquía. El chavista se negó. En ese momento su suerte estaba echada.

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Por elmundo.es





La noche del 2 al 3 de enero, los drones desplegados (y no interceptados por las defensas antiaéreas de Venezuela), localizaron a Maduro, que volvía al recinto. La noche estaba despejada. El propio Trump, desde el patio de Mar-a-Lago, donde cenaba con sus colaboradores, dio la última orden de actuar a las 22:46 del viernes hora de Florida.

Con el paso de las horas las autoridades de Estados Unidos van filtrando más detalles de la operación que acabó con el mandato de Nicolás Maduro y que llevó al líder chavista hasta una prisión en Nueva York a varios medios de EEUU como The New York Times The Washington Post.

La fuerza especial Delta, protagonista por ejemplo de la eliminación de Al Bagdadi, autodenominado califa del Estado Islámico, es un grupo de élite que se forma y se disgrega en función de la misión que tenga que acometer. En este caso, bajo el liderazgo de un comandante de habla hispana en el equipo, aprovecharon toda la información de inteligencia para crear un búnker en su base de Kentucky similar al usado por Maduro para practicar una y otra vez la entrada, la extracción y la salida del mismo en tiempo récord.

Aunque todos sus miembros se conocen a la perfección, la coreografía debe concretarse cronometrada y perfecta. Dos minutos en la puerta para colocar el explosivo y reventar las hojas de acero. Fue esa explosión la que despertó al matrimonio, que se vio sorprendido ante las armas y las linternas, por lo que no pudo alcanzar la habitación segura, que está blindada y que hubiera retrasado la operación. De hecho, los Delta llevaban sopletes para tumbar su puerta, aunque no hizo falta.

Cinco minutos más dentro deteniendo a Maduro y su mujer y vuelta a los helicópteros. Unos agentes del FBI y de la DEA leyeron brevemente los cargos por narcotráfico al líder chavista, ya con las esposas puestas. Algunas fuentes aseguran que se resistió y que debieron sacarlo a rastras de su cuarto, lo que provocó que se hiciera daño en la pierna izquierda. Según publica The Washington Post, toda la misión fue emitida en directo por una cámara colocada en el frontal de uno de los helicópteros. Trump disfrutó de las mismas como si fuera un «show», según le confesó.

Esa formación fue proporcionada por una persona del régimen muy cercana a Maduro y conocedora de sus dependencias personales, según publica The New York Times, y un equipo de la CIA que estuvo desplegado durante meses en Caracas de forma clandestina y sin ninguna cobertura diplomática, ya que la embajada de EEUU permanece cerrada, como explicó el comandante de la misión y jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine.

Tras volar a solo 100 pies de altura desde el buque Iwo Jima en su aproximación a Venezuela sobre las 4:30 de la mañana del sábado, para eludir la acción de los radares, un número aún no conocido de helicópteros de transporte de tropas Chinook (aparatos dotados de dos grandes hélices) apoyado por otros Apache de ataque a tierra comenzó a sobrevolar Caracas sin luces mientras que cazas F35 y F18 de las fuerzas aéreas allanaban su camino destruyendo a distancia todas las posiciones conocidas de defensa antiaérea S300 y Buk, ambas baterías proporcionadas por Rusia, así como los principales radares.

La aviación venezolana, compuesta por viejos cazas F16 vendidos por EEUU antes de la irrupción del chavismo y aparatos Su27 de origen ruso, ni siquiera despegó. La flota estadounidense se encargó además de desplegar una potente guerra electrónica para cortar todas las frecuencias sobre la ciudad. Un ciberataque tumbó la red eléctrica de Caracas para eliminar las pocas luces existentes, el terreno de juego ideal para los Night Stalkers, la unidad militar de las fuerzas aéreas (regimiento 160) encargada de estas incursiones nocturnas, que ya llevó a los Navy Seal hasta la guarida de Bin Laden en Abotabad.

Los comandos chavistas repartidos por toda la ciudad se desplegaron no para evitar el raid aéreo, sino para mantener el control de las calles. No se vieron balas trazadoras en los cielos de Caracas, por lo que la resistencia fue mínima, aunque después Trump aseguró que uno de los helicópteros había sido alcanzado y dos de sus tripulantes, heridos.

El ataque dejó unos 40 muertos, la mayoría militares, según fuentes del régimen. Otras fuentes aseguran que muchos de ellos son miembros de la guardia pretoriana del dictador bolivariano, formada en su mayoría por comandos cubanos entrenados en la isla y conocidos como «avispas negras».

Aunque el ataque fue considerado un éxito porque consiguió su objetivo, la marina de EEUU sigue en su puesto. Según asegura el propio Trump, existen otros planes en marcha por si fueran necesarios en los próximos días. De momento, no los ha considerado «necesarios», pero eso puede cambiar rápido en la voluble cabeza del rubio presidente.

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