Tras la captura de Nicolás Maduro y su acusación formal en Estados Unidos, el mundo pone la lupa sobre el futuro energético de Venezuela. Sin embargo, los expertos advierten que recuperar los niveles de producción del pasado no será una tarea sencilla ni rápida.
Por Krysta Escobar – CNBC | Traducción libre
1. El abismo entre el potencial y la realidad
Venezuela pasó de producir 3,5 millones de barriles diarios en los años 90 a apenas 800.000 en la actualidad. Aunque el país posee las reservas de crudo más grandes del planeta (estimadas en hasta 300.000 millones de barriles), décadas de desinversión, mala gestión y expropiaciones han dejado la infraestructura en ruinas. Analistas de Wall Street señalan que el problema no es el petróleo bajo tierra, sino las «trabas en la superficie»: la inestabilidad política y el riesgo de invertir en un país que ya nacionalizó activos extranjeros en 2007.
2. El escepticismo de los gigantes petroleros
A pesar de que el presidente Donald Trump ha mencionado planes de inversión masiva, los líderes de la industria son cautelosos. El CEO de Exxon Mobil, Darren Woods, fue tajante al calificar a Venezuela como un lugar «no apto para invertir» en su estado actual. Las empresas buscan disciplina financiera y temen ser «quemadas» por segunda vez por una nacionalización. Por ahora, Chevron es la única gran estadounidense con ventaja, ya que nunca abandonó el país y estima que podría aumentar su producción un 50% en los próximos dos años bajo esquemas de inversión controlados.
3. ¿Cuánto costará la recuperación?
Las proyecciones varían, pero todas coinciden en que se necesita una fortuna:
A corto plazo: Con mantenimiento básico, se podría llegar a 1 millón de barriles diarios pronto. JPMorgan estima que, con estabilidad política, se alcanzarían 1,2 millones en pocos meses.
A largo plazo: Para volver a producir 1,5 millones de barriles, se requieren inversiones de entre 15.000 y 20.000 millones de dólares en la próxima década.
El reto mayor: Si el objetivo es regresar a los 3 millones de barriles de antaño, la factura sube a unos 180.000 millones de dólares durante los próximos 15 años.
Mientras tanto, las refinerías del Golfo de EE. UU. ya se preparan para procesar el crudo venezolano, siendo el destino natural de este petróleo una vez que las sanciones y la logística lo permitan.

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