
Lo que se vivió en Caracas la madrugada del 8 de mayo de 2014 está tatuado en la mente y el sentimiento de muchos venezolanos, marcando un punto de quiebre en la historia de la protesta juvenil venezolana. Un acto de resistencia frente a la sede de la ONU en Caracas se transformó en 191 detenidos, siembra de armas, explosivos y drogas, junto a golpes y vejaciones relatados en testimonios que aún estremecen casi 12 años después, visibilizados por un informe de la Misión de Determinación de Hechos de Naciones Unidas.
Por Sebastiana Barráez | Infobae
Todo empezó el 24 de marzo, cuando la organización “Jóvenes Venezolanos”, coordinada por Gerardo Carrero, instala un campamento frente a la sede de la ONU en la Avenida Francisco de Miranda, en Los Palos Grandes, Caracas. Ese acto se replicó en otros puntos de la capital y en distintas ciudades del país, como la Plaza Alfredo Sadel, Las Mercedes y la Plaza Bolívar, de la capital de Venezuela.


Los campamentos se convirtieron en epicentro de la movilización ciudadana, albergando a cientos de jóvenes que pernoctaban y organizaban actividades durante el día, durante casi mes y medio.
La tensión escaló hasta esa madrugada del 8 de mayo, cuando efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) ejecutaron el desalojo simultáneo de los campamentos frente a la ONU y en la Plaza Alfredo Sadel.

Entre las 2:30 y las 3:00 AM, el Comando Regional (CORE) N°5 de la GNB desplegó varios cientos de funcionarios armados, apoyados por motocicletas, furgonetas, camiones y vehículos blindados.
Testigos le relataron a la Misión de la ONU que los uniformes carecían de nombres o insignias, dificultando la identificación de los agentes, y que también participaron funcionarios vestidos de civil.
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