
Martha Grajales forcejeó, le dio una patada a la puerta del carro e intentó quitarse de encima a las tres mujeres policías que intentaban detenerla. Pensaron que la contextura delgada de la defensora de derechos humanos, que una vez militó en la “revolución bolivariana”, no sería un impedimento para apresarla. Sin embargo, solo cuando una cuarta funcionaria intervino, finalmente pudieron meter a Grajales en el vehículo.
Por El Tiempo
Los hechos ocurrieron el 8 de agosto de 2025, cuando Grajales, fundadora del colectivo de izquierda Surgentes, vio -como ella misma lo relata- la respuesta del Estado venezolano a sus años de lucha y denuncias, tras acompañar durante meses a las madres de más de 150 adolescentes detenidos luego del 28 de julio de 2024, cuando Nicolás Maduro no reconoció su derrota en las elecciones presidenciales y encarceló a más de 2.500 personas.
Tras su paso por la cárcel, de la que salió el 12 de agosto de ese mismo año, y pese a recibir constantes amenazas e intimidaciones, la colombiana nacionalizada venezolana prefiere seguir trabajando en Venezuela porque “los riesgos en Colombia son muchísimo más altos” para un defensor de derechos humanos. En ese contexto, también considera que, tras la muerte de Hugo Chávez, “ese proceso -la revolución- empieza a desmontarse”.
Grajales, con más de 20 años viviendo en Venezuela, se acogió a la recién aprobada Ley de Amnistía. Esta es su primera conversación con los medios desde su detención.

Utilizaron inteligencia artificial para desfigurar mi rostro en videos donde me acusaban de ser una operadora de María Corina Machado y de haber recibido 250.000 dólares para dividir al chavismo desde las bases. Incluso después de mi liberación, sentí que el asedio no terminaba.
Usted menciona que al llegar de Colombia se enamoró de lo que estaba pasando en Venezuela. ¿Qué fue lo que la cautivó de ese proyecto político (chavismo) en sus inicios?
Me enamoré de este país, del proyecto político. Me parecía que la agenda social estaba en el centro, en los sectores históricamente excluidos. Eso me parecía profundamente valioso.
¿En qué momento siente que ese espíritu de respeto a los derechos humanos dentro del Estado comienza a resquebrajarse?
Cuando se muere Chávez, ese proceso empieza a desmontarse, es la verdad. Yo dejo la UNES y me fui para la Comisión Presidencial para el Control de Armas y Desarme. El proyecto era entender por qué en Venezuela había una tasa de homicidios tan alta si se había disminuido la pobreza.
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