Un año cuenta “Nota(n)bene” en su segunda etapa. Las notas, que en “El Tiempo” vuelan, ya suman cincuenta y persisten en estimular la “cumanidad”, un neologismo que el corrector de Word cambia por “humanidad”, en curiosa pero feliz aproximación del medio virtual a la virtud ambicionada por el columnista para multiplicar cuanto de humanismo y ciudadanía hay en la ‘cumanidad’, pues sólo así la ciudad se recobrará como hábitat privilegiado de su creador, el Hombre, el mismo cuyos demonios se empeñan en destruirla.“Cumanidad” apareció en artículo (31/03/06) donde se le relacionó con “universidad”. Surgió del recuerdo de una experiencia en la llamada “Mención’ del Núcleo Sucre UDO, en verdad el Dpto. de Filosofía y Letras, cuyo jefe escogían sus profesores y cuya función cesaba cumplido su mandato bianual. Tan notable avance fue extirpado, hará 3 años, por un plumazo retrógrado, prepotente, dizque revolucionario. Nada se acuñó respecto de esta tropelía. No hubo punto de cuenta ni punto de cuento.
Volvamos a la experiencia. Mediaban los 80. Leídas las descripciones elaboradas por el Barón de Humboldt y don Andrés Bello –vaya par de oligarcas– una estudiante concluyó: “Entonces Cumaná era una ciudad humana”. De allí que “Nota(n)bene” promueva desde aquel inicial “Coro de la vida” (17/03/06), la idea de que la ciudad “sólo se salvará si salva lo que le queda de natural y de pasado: golfo, casco histórico, Manzanares y playas de San Luis”. El romano Lucrecio, medio siglo a.C., deducía de la indiferencia del hombre hacia el pasado, la indiferencia hacia el futuro. Lo sabía bien nuestro Bertrand Lecapelaine, francés, vikingo y astoriano, enamorado con locura de Cumaná, fallecido la infausta tarde del domingo 11.
Salvar Cumaná es empresa colosal que requiere un plan para toda la ciudad, pensado al menos para un siglo, atento a lo del cambio climático, diseñado con esmero y participación cabal de la comunidad, fuera del farsesco parlamentarismo callejero y del cultopersonalismo cartelario de la cúpula estadal y municipal.
Mas, hoy, la autocracia militarista urge al civilismo nacional, y con él a la ‘cumanidad’ a protestar contra la condena que obliga a Laureano Márquez y a Tal Cual a pagar multas millonarias. Por mucho que sea el cinismo golporrevolucionario, no bastará a ocultar que la tropelía se enfila a la liquidación de un medio democrático, ajeno a todo golpismo, incluidos los del 4F y noviembre del 92. Muchos contribuiremos al pago de la injusta multa para salvar al diario que habla claro y raspao. Lo insoportable para los totalitarismos camisapardas, negras o rojarrojitas.
Igualmente, urge impedir que –víctima de una neocolonización ideologizante– cualquier día,.en vez de gozar el coro escolar arriba citado, lo oigamos desgañitarse en el necrófilo “Socialismo o muerte”, o en el servil “Ordene mi comandante, nosotros obedecemos”. ¡Hay que ser vil para imponerlo! ¡Vaya Hombre Nuevo el Adán en el edén de los Chávez!
El Tiempo, 16 de febrero de 2007
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