El UniversalLlámese fe, devoción, creencia o tradición. A decir verdad, no hay una palabra que explique el impulso que lleva a los feligreses a venerar la imagen del Nazareno de San Pablo el Miércoles Santo. Sea cual sea, la expresión más auténtica de ese sentimiento es el fervor con que los devotos acuden a la Iglesia de Santa Teresa a llevarle una ofrenda. Es la esperanza con la que le rezan. Es la persistencia con la que abogan reconversión.
Ni siquiera los miembros de la Cofradía del Nazareno de San Pablo saben cómo llamar a ese apego que tienen hacia la imagen sagrada y esa necesidad que sienten de servirle. Al menos esa es la percepción de Eloy Carpio, presidente de la organización, quien tiene más de 21 años colaborando en los preparativos del Santo para la víspera de la Semana Mayor.
"Desde el año 59 vengo a la procesión del Nazareno de San Pablo. Y en el 86 comencé a formar parte de la Cofradía. No sé cómo explicar qué nos mantiene aquí. Es un llamado¿ Es una creencia¿ Es una motivación¿ Una forma de agradecimiento por los milagros concedidos a mi familia", afirmó.
Gustavo Ramón Orta, vicepresidente de la Cofradía, prefiere llamarlo devoción y asegura que trabajar para el Nazareno de San Pablo es para él motivo de orgullo. De allí que lleva más de 18 años prestando sus servicios para los arreglos de la mesa, la iluminación y en la recolección de las orquídeas.
Durante esos quince días que permanece la imagen fuera de su nicho, un grupo de más de 150 colaboradores se dedican a preparar esta representación del Hijo de Dios para la festividad del Miércoles de Semana Santa. En ese lapso, los miembros de la Cofradía adornan la talla de madera con más de cinco mil orquídeas y la engalanan con una túnica morada.
Dicen que el manto que cubre al Nazareno de San Pablo muestra los símbolos de la pasión y muerte: la cruz, la copa, la corona de espinas, los tres clavos, el látigo con que fue azotado, la lanza que traspasó su costado y hasta el hisopo con el que le dieron vinagre. Mientras que sobre su cabeza reposa la corona de espinas junto con una representación de las tres potencias con esmeraldas y rubíes. Tres siglos de milagros La leyenda cuenta que el escultor del Nazareno lo hizo con tanta exactitud que Dios se le apareció en sueños y le preguntó: ¿Dónde me has visto que me hiciste tan perfecto? Incluso, se dice que la imagen sagrada es tan perfecta que cada día reduce algunos centímetros su tamaño, a tal punto que en cada temporada los devotos aseguran que su cuerpo se aprecia más encorvado.
La devoción al Nazareno de San Pablo se extendió a partir de 1696, cuando el Hijo de Dios curó la epidemia que azotaba Caracas. Se dice que, hasta entonces, no había nada que curara la peste. Así que el pueblo decidió recurrir a Dios y sacar en solemne procesión al Nazareno de San Pablo.
Se cuenta que en el recorrido la imagen tropezó en la esquina de Miracielos con un limonero, cuyos frutos se desprendieron. El pueblo lo interpretó como un signo de Dios y se apresuraron a preparar bebidas para los enfermos, quienes tuvieron una cura inmediata.
Desde entonces, el pueblo le hace promesas al Nazareno de San Pablo a cambio de sus favores, de sus milagros, de su misericordia y de su perdón. Todavía hoy, la rememoración del Nazareno tiene la particularidad de movilizar a los caraqueños hacia la iglesia de Santa Teresa, quienes irán a pagarle penitencia en medio de una procesión que partirá a las 6:00 de la tarde rumbo hacia la plaza O' Leary.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.