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viernes, 15 de agosto de 2008

Lugo presidirá un Paraguay sediento de cambios


ASUNCION (Reuters) - El paraguayo Fernando Lugo se convertirá el viernes en el primer ex obispo católico en ser ungido presidente, en una asunción que llena de expectativa a una población ávida de cambios que percibe que la fuerte expansión económica no impacta en su vida cotidiana.
Lugo, de 57 años, que hasta el 2005 fue obispo de una zona de extrema pobreza, jurará como mandatario en una ceremonia que reunirá a casi un centenar de delegaciones extranjeras y marcará un hito en el país porque romperá más de seis décadas consecutivas del Partido Colorado en el poder.
Nueve mandatarios asistirán, entre ellos los izquierdistas Hugo Chávez de Venezuela, Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador, a quienes Lugo se acercó tras los comicios del 20 de abril.
Correa, poco después de llegar al país, advirtió que Lugo podría sufrir los mismos ataques que Morales cuando comience a promover reformas y comprometió su apoyo para enfrentarlos.
"Desde el momento en que Lugo empiece a hacer los cambios, empezarán los ataques, pero gracias a Dios contamos con el apoyo de nuestros pueblos (...) nuevos vientos soplan en América Latina, que está viviendo un verdadero cambio de época," dijo Correa a periodistas.
El nicaragüense Daniel Ortega, que tenía previsto trasladarse a Asunción, suspendió el viaje a último momento, en tanto los líderes ausentes de Sudamérica serán Alvaro Uribe de Colombia y Alan García de Perú.
Por su parte, en representación de Cuba, el vicepresidente José Ramón Machado, a su llegada a Asunción, resaltó: "Queremos trasladar el saludo afectuoso, cariñoso del jefe de la revolución cubana, el comandante Fidel Castro Ruz, quien expresamente nos recomendó que los hiciéramos llegar."
URGENCIAS
El ex obispo entrará al Palacio de los López, sede del Gobierno, tras haber ganado las elecciones con poco más de un 40 por ciento de los votos, representando una alianza centroizquierdista que aglutinó a la mayor parte de la oposición.
Su victoria pone fin a una complicada transición que comenzó con la caída del dictador Alfredo Stroessner en 1989 y estuvo salpicada por amenazas de golpe de Estado, conflictos sociales, asesinatos políticos y escándalos de corrupción.
Apodado el "obispo de los pobres," siempre vestido con ropa sencilla y calzando sandalias, Lugo asumirá el Gobierno en un contexto de alta expectativa hacia su gestión, con la promesa de un combate frontal a la corrupción y a la pobreza que afecta a casi un 40 por ciento de los paraguayos.
"La gente tiene mucha fe, mucha esperanza (...) es un hombre muy distinto a lo que estamos acostumbrados en la política," dijo Alba Pasmor, empleada de una tienda de electrodomésticos afiliada al Partido Colorado.
Algunos opinan, sin embargo, que el nuevo Gobierno debería bajar las expectativas al terreno de las realidades.
"Las mejores ideas terminan conduciendo al fracaso si no se cuenta con recursos presupuestarios y humanos para llevarlos adelante y el Gobierno no tiene presupuesto suficiente para hacer frente a tareas que el país necesita urgentemente," dijo el analista económico Ricardo Rodríguez Silvero.
DESAFIOS
Lugo recibirá una economía en fuerte expansión gracias al aumento de las exportaciones de soja y carne vacuna, con el desafío de extender esa bonanza hacia otros sectores de la sociedad menos favorecidos que generen más puestos de trabajo.
Durante el Gobierno de su antecesor, Nicanor Duarte, miles de paraguayos dejaron el país buscando empleos, los precios minoristas se dispararon y el índice de pobreza extrema aumentó a casi un 20 por ciento, pese a que las metas macroeconómicas fijadas fueron cumplidas.
Pero el ex obispo de ideas socialistas, que tendrá a un moderado como jefe del equipo económico, deberá lidiar con un contexto político que podría tornársele complicado por las diferencias que cohabitan la coalición que lidera.
Para asegurar la aprobación de leyes en el Congreso, Lugo deberá imponer su liderazgo en esa alianza y forjar pactos políticos con otros partidos minoritarios, que ya se mostraron dispuestos a apoyarlo.
"No le veo futuro a Lugo, no tiene estabilidad política. Mezcló liberales con comunistas que andaban saltando con la bandera roja," dijo Gustavo Sánchez, un empleado público de 37 años.
En una entrevista publicada el jueves, Lugo dijo además que estudiará la posibilidad de aplicar un impuesto al sector agropecuario, una medida irritante para la pequeña economía sudamericana, que podría sumarle escollos a la gobernabilidad.
Mientras se preparaba para uno de los momentos más importantes de su vida, aseguró que la llegada al poder no cambiará su estilo sobrio y austero.
"No voy a cambiar mucho, la gente me conoce así. La gente ha apostado por este estilo de comportamiento del presidente y agradezco a la ciudadanía por haberme aceptado," dijo esta semana a periodistas.

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